Mauricio Del Piano
Poeta recién llegado
Si partes tú
antes que yo
habrá partido en ti
el vivir el cielo como en la tierra,
encubierta y dentro del universo
que tus manos han amasado
en lo de mi pecho,
esculpiendo o cincelando o labrando,
a través de tus besos.
No oses partir antes que mí,
pues seré la marioneta oculta
en el último anaquel de cualquiera alacena
olvidada,
habiendo hurtado lo que
queda de gotas de aguas difuminadas
en el pozo de mi alma.
Si has de partir, dejándome acá
entre pájaros y vientos y árboles y aguas y
entremedio de raíces y el humus de tu cuerpo,
yo decidiré
caer,
escalando hacia
abajo
en medio de la ingravidez de mi condena
al centro de todas las piedras
de la tierra.
Mi caída precisa ser asida por ti.
Y si dejas de estar aquí,
aunque sea sólo por
ciertos siglos estelares,
seguiré cayendo por entre el vacío de los universos,
buscando algún jirón de tu sonrisa
que me indique que aguardas
en cada titilar de esas lejanas galaxias
que sé que es donde esperarás, pronta
por mi llegada.
Si partes tú
antes que yo
habrá partido dentro de ti
la pesada tierra en que nacimos,
ésa en que la luz del sol suele atisbarse
por entre la fronda de las hojas de los árboles.
Si partes tú antes, antes tú
sólo permanece quieta, quieta y calma,
como la pleamar aguarda
así en la tierra como en el alma.
antes que yo
habrá partido en ti
el vivir el cielo como en la tierra,
encubierta y dentro del universo
que tus manos han amasado
en lo de mi pecho,
esculpiendo o cincelando o labrando,
a través de tus besos.
No oses partir antes que mí,
pues seré la marioneta oculta
en el último anaquel de cualquiera alacena
olvidada,
habiendo hurtado lo que
queda de gotas de aguas difuminadas
en el pozo de mi alma.
Si has de partir, dejándome acá
entre pájaros y vientos y árboles y aguas y
entremedio de raíces y el humus de tu cuerpo,
yo decidiré
caer,
escalando hacia
abajo
en medio de la ingravidez de mi condena
al centro de todas las piedras
de la tierra.
Mi caída precisa ser asida por ti.
Y si dejas de estar aquí,
aunque sea sólo por
ciertos siglos estelares,
seguiré cayendo por entre el vacío de los universos,
buscando algún jirón de tu sonrisa
que me indique que aguardas
en cada titilar de esas lejanas galaxias
que sé que es donde esperarás, pronta
por mi llegada.
Si partes tú
antes que yo
habrá partido dentro de ti
la pesada tierra en que nacimos,
ésa en que la luz del sol suele atisbarse
por entre la fronda de las hojas de los árboles.
Si partes tú antes, antes tú
sólo permanece quieta, quieta y calma,
como la pleamar aguarda
así en la tierra como en el alma.