Lexema
Poeta que considera el portal su segunda casa
Un tiempo baila con otros tiempos
y en cada tiempo, se para un reloj
Yace sin órbita alguna,
lo que antes comía hoy es comida
para una subcadena alimentaría
Negras moscas sobre la negra vela apagada,
sobre un punto en el cosmo, una diminuta mancha en la inmensidad resumida.
Las uñas de los árboles desnudos se exponen por escasos gritos de la luna, raptada por ovejas negras que flotan sobre los tejados
Los gatos personífican
diálogos violentos y entre sus ojos, perlas iluminadas por la muerte
Entre la luz ninguna, la niebla se desparrama en los relojes, henervando siniestros
Gritos desaparecen en la distancia dejando una intriga mortal y el velo fatal, cubre los árboles caídos
Un tiempo baila sobre sesenta velas encendidas,
en su lugrube danzar las mechas van muriendo;
caen tumbadas y su blanca etereoridad asciende al infinito.
En otro se oye un grito ineludible, una mansa creatura gatea irreversible a la sepultura, las perlas de los gatos se desprenden y caen en mis ojos
Ahora veo y siento lo que ellos...
Lloro su llanto, sufro sus penas,
impotencia ajena mientras sigue gateando
Su ira me alcanza en cada triste maullar, y en cana noche en que los tiempos amenazan con mi tiempo.
Minutos de sombras, a cada vela le toca un tiempo para apagarse y ver su alma envuelta en sombras
y en cada tiempo, se para un reloj
Yace sin órbita alguna,
lo que antes comía hoy es comida
para una subcadena alimentaría
Negras moscas sobre la negra vela apagada,
sobre un punto en el cosmo, una diminuta mancha en la inmensidad resumida.
Las uñas de los árboles desnudos se exponen por escasos gritos de la luna, raptada por ovejas negras que flotan sobre los tejados
Los gatos personífican
diálogos violentos y entre sus ojos, perlas iluminadas por la muerte
Entre la luz ninguna, la niebla se desparrama en los relojes, henervando siniestros
Gritos desaparecen en la distancia dejando una intriga mortal y el velo fatal, cubre los árboles caídos
Un tiempo baila sobre sesenta velas encendidas,
en su lugrube danzar las mechas van muriendo;
caen tumbadas y su blanca etereoridad asciende al infinito.
En otro se oye un grito ineludible, una mansa creatura gatea irreversible a la sepultura, las perlas de los gatos se desprenden y caen en mis ojos
Ahora veo y siento lo que ellos...
Lloro su llanto, sufro sus penas,
impotencia ajena mientras sigue gateando
Su ira me alcanza en cada triste maullar, y en cana noche en que los tiempos amenazan con mi tiempo.
Minutos de sombras, a cada vela le toca un tiempo para apagarse y ver su alma envuelta en sombras