Santiago_del_Alba
Poeta recién llegado
Me muero, ¡Dios mío!; porque me muero.
Y me entrego a las cruces del sacrificio,
y pierdo ante esta ilusión tónica
de sus manos, de sus ojos... de su boca.
Con este retorcimiento efímero
de tu maldita presencia
de tu precipitada esencia,
y siento -¡Oh Dios!- que retrocedo.
Perdoname amor mío
si mi boca denuncia mi desespero,
pero para volver a ser otro
arranque mi piel que contenía tu aroma
y mis poros enviciados
por el tacto de tus labios.
Muero -¡Dios mío!- ¡mira como muero!
Y me desvanezco extasiado de temor.
Mira tú, mira como muero,
desquiciado por tu rigido amor.
Y me entrego a las cruces del sacrificio,
y pierdo ante esta ilusión tónica
de sus manos, de sus ojos... de su boca.
Con este retorcimiento efímero
de tu maldita presencia
de tu precipitada esencia,
y siento -¡Oh Dios!- que retrocedo.
Perdoname amor mío
si mi boca denuncia mi desespero,
pero para volver a ser otro
arranque mi piel que contenía tu aroma
y mis poros enviciados
por el tacto de tus labios.
Muero -¡Dios mío!- ¡mira como muero!
Y me desvanezco extasiado de temor.
Mira tú, mira como muero,
desquiciado por tu rigido amor.