Guillermo Suazo
Poeta recién llegado
Tu mirada dice lo que mis labios callan,
que por no saber qué decir, enmudecen.
No basta mi pluma para explicar lo que tu mirada,
por si sola provoca en mis fatigados sentidos.
Eres la historia jamás imaginada, lo sé desde la primera vez que mis ojos alcanzaron
los tuyos, al final de aquel solitario corredor, un día inolvidable de abril.¿Lo Recuerdas?
Una y otra vez me pregunto ¿qué hay en tus ojos de miel,
inocentes aún, que inexplicablemente me llenan de luz?
Rendidos ante ti, caen mis emociones, cual esclavo a su amo,
cual reloj que marca la inevitable hora de partir.
Eres lo que tanto soñé, y no pienso dejarte ir, no;
eres mi musa, el brillo de la soledad que en mi conoces.
Soy el plebeyo de tus ojos que en días como estos,
cómplices los dos de un mismo y único destino.
Eres mi hada secreta, sin confusión de palabras;
sin mudas que sobran, solo tu y yo; tu mirada y mi pluma.
Me gusta verte aunque no lo sepas,
porque, por alguna razón que desconozco
llenas lo que en mi falta, y mientras escribo pienso en ti y en tu voz.
Cierra tus ojos y déjame, por un instante, unir los tuyos con los míos.
Mirada de doncella que pide ser amada, al otro lado de aquel viejo camino,
cual suave conversación de labios entrometidos en historias cursis.
Mirada coqueta, mirada que habla,
mirada que besa, mirada que mata;
mirada, que mirada, que castigas mis sentidos,
conquistas mis ideas, llenando mis cansadas líneas de Ti.
que por no saber qué decir, enmudecen.
No basta mi pluma para explicar lo que tu mirada,
por si sola provoca en mis fatigados sentidos.
Eres la historia jamás imaginada, lo sé desde la primera vez que mis ojos alcanzaron
los tuyos, al final de aquel solitario corredor, un día inolvidable de abril.¿Lo Recuerdas?
Una y otra vez me pregunto ¿qué hay en tus ojos de miel,
inocentes aún, que inexplicablemente me llenan de luz?
Rendidos ante ti, caen mis emociones, cual esclavo a su amo,
cual reloj que marca la inevitable hora de partir.
Eres lo que tanto soñé, y no pienso dejarte ir, no;
eres mi musa, el brillo de la soledad que en mi conoces.
Soy el plebeyo de tus ojos que en días como estos,
cómplices los dos de un mismo y único destino.
Eres mi hada secreta, sin confusión de palabras;
sin mudas que sobran, solo tu y yo; tu mirada y mi pluma.
Me gusta verte aunque no lo sepas,
porque, por alguna razón que desconozco
llenas lo que en mi falta, y mientras escribo pienso en ti y en tu voz.
Cierra tus ojos y déjame, por un instante, unir los tuyos con los míos.
Mirada de doncella que pide ser amada, al otro lado de aquel viejo camino,
cual suave conversación de labios entrometidos en historias cursis.
Mirada coqueta, mirada que habla,
mirada que besa, mirada que mata;
mirada, que mirada, que castigas mis sentidos,
conquistas mis ideas, llenando mis cansadas líneas de Ti.
Última edición: