pepiun
Poeta recién llegado
MIRADA NOCIVA
Te miré fijamente a los ojos, y no pude contenerme,
El brillo en mi mirada acresentaba,
y un rocío se desprendia entre mis parpados,
No pude controlarme,
mis sentidos, se quedaron estáticos y encrucijados por el frío de mi alma,
Mi respiración se suspendió,
Mis labios, temblorosos no podían hablar,
Quise tocarte, y hasta quise besar tus labios,
Pero mi llanto sosegó mi quinecia,
Y no pude explicar otra cosa, solo dolor.
Nuevamente, miré fijamente tus pupilas,
Y me perdí en tu universo estelar,
Esas tus nínfas secuestradoras de vida,
Me encadenaron en tu espacio,
Mi mar, luminosa por tu sol,
Se condensaba en mis latidos,
Y las núbes de mis nervios, apresaban mi calma,
Y no bastó con tu mirada dulce,
Ni con tu sonrisa enrejada,
Mi llanto se sucumbía entre los vientos,
Y el eco, pávido, se arremetía por el gemido,
Y miré nuevamente tus prismas,
Y mis sentimientos se desconpusieron
en la reflexión de tus ideas,
Sometiste ferozmente tu desquisio,
Y no detuviste tu decisión,
Tu silencio pasmaba mi ser,
Y mi tormenta, incontenible de lagrimas,
empañaba la noche,
¡Que dolor! ¡ Que angustia!
¡Cuanta tristeza despavorida!
Que difícil es explicar el padecimiento con solo una mirada,
Y tú, ausente del daño,
Que solo prívas el amor,
No dices nada, solo desgarras con tu mirada,
Y yo, moribundo, me rindo,
Me aparto de tu luna,
Pereciendo de tu imagen,cierro los ojos,
Sujeto mi pena, y me retiro.
- José Martín Torres Mejia
Te miré fijamente a los ojos, y no pude contenerme,
El brillo en mi mirada acresentaba,
y un rocío se desprendia entre mis parpados,
No pude controlarme,
mis sentidos, se quedaron estáticos y encrucijados por el frío de mi alma,
Mi respiración se suspendió,
Mis labios, temblorosos no podían hablar,
Quise tocarte, y hasta quise besar tus labios,
Pero mi llanto sosegó mi quinecia,
Y no pude explicar otra cosa, solo dolor.
Nuevamente, miré fijamente tus pupilas,
Y me perdí en tu universo estelar,
Esas tus nínfas secuestradoras de vida,
Me encadenaron en tu espacio,
Mi mar, luminosa por tu sol,
Se condensaba en mis latidos,
Y las núbes de mis nervios, apresaban mi calma,
Y no bastó con tu mirada dulce,
Ni con tu sonrisa enrejada,
Mi llanto se sucumbía entre los vientos,
Y el eco, pávido, se arremetía por el gemido,
Y miré nuevamente tus prismas,
Y mis sentimientos se desconpusieron
en la reflexión de tus ideas,
Sometiste ferozmente tu desquisio,
Y no detuviste tu decisión,
Tu silencio pasmaba mi ser,
Y mi tormenta, incontenible de lagrimas,
empañaba la noche,
¡Que dolor! ¡ Que angustia!
¡Cuanta tristeza despavorida!
Que difícil es explicar el padecimiento con solo una mirada,
Y tú, ausente del daño,
Que solo prívas el amor,
No dices nada, solo desgarras con tu mirada,
Y yo, moribundo, me rindo,
Me aparto de tu luna,
Pereciendo de tu imagen,cierro los ojos,
Sujeto mi pena, y me retiro.
- José Martín Torres Mejia