Raúl Donoso P.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Enjuaga con tus ojos mi mirada taciturna,
que hoy divaga por calles plomas y de oscuras construcciones,
que hoy se ha cansado de esperar,
que doble en la esquina,
la grácil figura que estremezca su corazón,
que sólo avista fantasma que deambulan apáticos,
más la pesadumbre que proyecta su alma,
lo hace permeable al cieno
que han hecho un nido en sus pies.
Me duele profundo el día,
me acicalo inconsciente para quien me verá,
más sólo es ilusión,
pues sólo encuentro miradas evasivas,
que no desean mi encuentro,
que se escabullen en la muchedumbre
y no atino a seguir.
Me sumerjo en la noche negra
tratando de avistar la utopía de tu mirar,
más sólo encuentro miradas obscuras,
jugueteando en mi vientre,
que asestan más desconsuelo en mi sangre
atestada de arrullos vanos,
muestro billetes mal olientes
por un par de miradas en venta
y juego a que son verdaderas
y por un instante creo que son reales.
Entro en mi habitación teñida de opaco resplandor,
y triste recreo la mirada vendida,
que hace un rato como yo quería me miró,
más sopeso que el espejismo se pavoneó,
por un par de billetes cochinos
y vuelvo a tumbarme como cada noche,
con mi mirada taciturna.....
que hoy divaga por calles plomas y de oscuras construcciones,
que hoy se ha cansado de esperar,
que doble en la esquina,
la grácil figura que estremezca su corazón,
que sólo avista fantasma que deambulan apáticos,
más la pesadumbre que proyecta su alma,
lo hace permeable al cieno
que han hecho un nido en sus pies.
Me duele profundo el día,
me acicalo inconsciente para quien me verá,
más sólo es ilusión,
pues sólo encuentro miradas evasivas,
que no desean mi encuentro,
que se escabullen en la muchedumbre
y no atino a seguir.
Me sumerjo en la noche negra
tratando de avistar la utopía de tu mirar,
más sólo encuentro miradas obscuras,
jugueteando en mi vientre,
que asestan más desconsuelo en mi sangre
atestada de arrullos vanos,
muestro billetes mal olientes
por un par de miradas en venta
y juego a que son verdaderas
y por un instante creo que son reales.
Entro en mi habitación teñida de opaco resplandor,
y triste recreo la mirada vendida,
que hace un rato como yo quería me miró,
más sopeso que el espejismo se pavoneó,
por un par de billetes cochinos
y vuelvo a tumbarme como cada noche,
con mi mirada taciturna.....