Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Cuando en la tarde, dulce y silenciosa, tu mirada buscó mi sentimiento, como un susurro al viento rumorosa, llegó a mi pecho y se tornó tormento.
No hubo palabras, ni razón preciosa,
solo el fulgor de un mágico momento;
dos almas que se buscan, cautelosas,
en un abismo abierto al firmamento.
Tus ojos, como cielos encendidos,
prendieron en mi ser llama dorada,
un fuego que no apagan los olvidos.
Y aunque la noche llegue desolada,
en mi pecho vivirán los latidos
de aquella luz en miradas cruzada.
No hubo palabras, ni razón preciosa,
solo el fulgor de un mágico momento;
dos almas que se buscan, cautelosas,
en un abismo abierto al firmamento.
Tus ojos, como cielos encendidos,
prendieron en mi ser llama dorada,
un fuego que no apagan los olvidos.
Y aunque la noche llegue desolada,
en mi pecho vivirán los latidos
de aquella luz en miradas cruzada.