Alonso Vicent
Poeta veterano en el portal
MIRADAS I
Recibió su beso de tacón de aguja, su ración de carne con hambres atrasadas, su abrazo de zarpa fiera y luego ni un “adiós gracias” por despedida.
Se quedó compuesto con su nada, sentado y con la misma cara de tonto con la que la conoció unos minutos antes.
El parking de la discoteca fue su teatro, el escenario el interior de un coche de tercera mano y su coartada otra noche.
Yo solo fui un espectador, un testigo mudo aparcado a las afueras de lo racional.
Recibió su beso de tacón de aguja, su ración de carne con hambres atrasadas, su abrazo de zarpa fiera y luego ni un “adiós gracias” por despedida.
Se quedó compuesto con su nada, sentado y con la misma cara de tonto con la que la conoció unos minutos antes.
El parking de la discoteca fue su teatro, el escenario el interior de un coche de tercera mano y su coartada otra noche.
Yo solo fui un espectador, un testigo mudo aparcado a las afueras de lo racional.
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