Alejandro Leza
Poeta recién llegado
Mírame,
el pecho raído,
abierto para que el grito
inunde las mañanas;
para que la sangre
moje tus dudas y las lave;
para que sus latidos
arrullen tu coraje.
Mírame,
consiente a mis palabras
que llevan mi alma,
deja que te abracen,
que musiten a tu oído
la melodía de mi amor,
que solo tiene notas
que se entonan con dolor.
Mírame,
y deja atrás la sombra fría
que a veces te lastima;
porque si bien mi vida era oscuridad,
el fuego prisionero de mi cuerpo
siempre tuvo tu presencia como hoguera.
¡Mírame!
Mírame ahora que quiero ser
la luz en tu ventana;
mírame ahora que atrás he dejado
la noche de mis miedos;
¡Mírame ahora!
Que te amo sin cadenas y en persona;
¡Mírame ahora!
Que quiero me ames una vez más.
el pecho raído,
abierto para que el grito
inunde las mañanas;
para que la sangre
moje tus dudas y las lave;
para que sus latidos
arrullen tu coraje.
Mírame,
consiente a mis palabras
que llevan mi alma,
deja que te abracen,
que musiten a tu oído
la melodía de mi amor,
que solo tiene notas
que se entonan con dolor.
Mírame,
y deja atrás la sombra fría
que a veces te lastima;
porque si bien mi vida era oscuridad,
el fuego prisionero de mi cuerpo
siempre tuvo tu presencia como hoguera.
¡Mírame!
Mírame ahora que quiero ser
la luz en tu ventana;
mírame ahora que atrás he dejado
la noche de mis miedos;
¡Mírame ahora!
Que te amo sin cadenas y en persona;
¡Mírame ahora!
Que quiero me ames una vez más.
Última edición: