Rey de la Patagonia
Poeta adicto al portal
¡No me mires¡, ya bastante tengo con el trino
en tu voz y el aroma a rosas frescas
que dejas en la fuente de rocío
de nuestras mañanas.
Déjame contemplar íntimamente, el
bosque encantado que es tu cuerpo,
los valles de oro que recorren tu piel,
permíteme leer en solitario las páginas
del placer,
anónimo, solapado tras tu pelo.
Mírame Amor, cuando te lo pida, para
reconocer en tus ojos mi certeza,
susúrrame al oído, en el abrazo, pleno
la melodía de tu aliento.
Yo quiero mirarte sin que tú me veas,
clandestinamente.
Quiero mirarte de forma deshonesta,
caminar por la casa, luciendo mis
deseos oscuros, vestida
solo con tu pelo y tu piel.
Hay un espacio universal entre tu beso
y el mío, que contiene la ¡VIDA¡, bañada
en cerezas frescas.
Te deseo infinitamente, cuando no me miras
y sabes que te observo obscenamente.
El mundo amor no se distingue, la lámpara
que llevas en el vientre me ciega y
me guía a tu laberinto.
Hay cosas que no tiene razón, solo son en
si mismas, tú eres una de ellas
que vienes como un arrebato de
locura y que me deja
sentenciado a tus brazos.
Te deseo infinitamente, cuando no me miras
y sabes que te observo obscenamente.
Solo luce mis ganas, amada mía, prepara
la danza de tus pasos
solo camina, solo vive,
respira.
Que yo soy feliz mirándote, cuando tu
no me miras.
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