Rosa Alonso de la Fuente
Poeta recién llegado
Como a nadie queriéndote te observo
a la vez que te lleno de caricias;
son tus manos dos brotes de las mías
que revelan las huellas de otros besos.
Observando tu rostro, me sorprendo
del color de la piel sin una sombra;
contemplando la frente con sosiego,
veo flecos sedosos que la adornan.
Observando tus labios, me detengo
en las perlas brillantes de la boca,
que se asoman mostrando sus destellos
y a mis ojos alumbran como aurora.
Agradeciendo al borde de tu cuello
los latidos ansiosos de tenerte,
en la mente y también dentro del pecho
te susurro al oído dulcemente.
a la vez que te lleno de caricias;
son tus manos dos brotes de las mías
que revelan las huellas de otros besos.
Observando tu rostro, me sorprendo
del color de la piel sin una sombra;
contemplando la frente con sosiego,
veo flecos sedosos que la adornan.
Observando tus labios, me detengo
en las perlas brillantes de la boca,
que se asoman mostrando sus destellos
y a mis ojos alumbran como aurora.
Agradeciendo al borde de tu cuello
los latidos ansiosos de tenerte,
en la mente y también dentro del pecho
te susurro al oído dulcemente.