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Mirar adentro-.

BEN.

Poeta que considera el portal su segunda casa
Que le inyecten un suicidio cada semana

manos labios horrendos rosetones de catedrales

vencidas o desvencijadas, por donde pasa el

deslumbrante camión de las basuras; que la espuma

vuelque su desolado campo de cicatrices obsoletas,

y que en cada estación las fresas sean indispensables.

Pues mirar adentro, es coleccionar vacas frías, gélidas,

y obtener la matrícula pertinente olvida el riesgo sin preocupación.

Manos que no has de tener no debes ofender:

que escuecen en el aliento las ofrendas determinadas,

los plazos de vencimiento de un augurio constelado.





Se me amontonan los libros, las cadencias,

los ósculos definitivos, los panes sin hostia.

Se me acumulan, innecesariamente, ríos de tinta,

sombras acuáticas, bromuros de la escuela,

la arquitectura del odio. Y yo lloro, definitivamente.

Allá donde crecen las salidas y se amontonan

los labios de la esperanza, donde llueven

sueños y mermeladas, frutas de temporada.

Y las esquirlas furtivas de un emperador romano,

actúan de un modo tergiversado. Allí, precisamente,

tengo mi huerto y mi estancia, bañados por el sol.







Según capiteles, noticias, hombrías disueltas,

según exenciones, nocturnidades, alevosías,

según, según. Reitero loros, la palabra y su garganta.

Hostil como un mandato, ánade frío del martirio.

©
 
Que le inyecten un suicidio cada semana

manos labios horrendos rosetones de catedrales

vencidas o desvencijadas, por donde pasa el

deslumbrante camión de las basuras; que la espuma

vuelque su desolado campo de cicatrices obsoletas,

y que en cada estación las fresas sean indispensables.

Pues mirar adentro, es coleccionar vacas frías, gélidas,

y obtener la matrícula pertinente olvida el riesgo sin preocupación.

Manos que no has de tener no debes ofender:

que escuecen en el aliento las ofrendas determinadas,

los plazos de vencimiento de un augurio constelado.





Se me amontonan los libros, las cadencias,

los ósculos definitivos, los panes sin hostia.

Se me acumulan, innecesariamente, ríos de tinta,

sombras acuáticas, bromuros de la escuela,

la arquitectura del odio. Y yo lloro, definitivamente.

Allá donde crecen las salidas y se amontonan

los labios de la esperanza, donde llueven

sueños y mermeladas, frutas de temporada.

Y las esquirlas furtivas de un emperador romano,

actúan de un modo tergiversado. Allí, precisamente,

tengo mi huerto y mi estancia, bañados por el sol.







Según capiteles, noticias, hombrías disueltas,

según exenciones, nocturnidades, alevosías,

según, según. Reitero loros, la palabra y su garganta.

Hostil como un mandato, ánade frío del martirio.

©
Y se acumulan tantas cosas que muchas veces no sabemos que hacer con todas ellas, si levantarlas en un pedestal o incinerarlas para que de ellas sólo queden las cenizas y esa posibilidad de que se vuelvan verdes. Me encantó tu poema. Abrazos afectuosos.
 
Hostil como un mandato, ánade frío del martirio.
Soberbio poema, Ben, cuajado de metáforas que destilan surrealismo en cada palabra (no debo escribir "palabra": cada vocablo es un universo accesible sólo desde la traslación a otros mundos.) Una elegía a un mundo enemigo, absurdo, que no deja hueco al disfrute elemental de la música de las aves o los tranvías de Lisboa. Una vez más reconozco en tu escritura un magisterio desbordante de imaginación. Gracias por compartirla. Un abrazo,
miguel
 
Última edición:
Soberbio poema, Ben, cuajado de metáforas que destilan surrealismo en cada palabra (no debo escribir "palabra": cada signo es un universo accesible sólo desde la traslación a otros mundos.) Una elegía a un mundo enemigo, absurdo, que no deja hueco al disfrute elemental de la música de las aves o los tranvías de Lisboa. Una vez más reconozco en tu escritura un magisterio desbordante de imaginación. Gracias por compartirla. Un abrazo,
miguel


Muchas gracias Miguel, es tu apreciación tan valiosa, que me maravillo de que seas capaz de hallar interpretaciones tan admirativas y elogiosas de mi breve y humilde poesía; siempre pretendo ir más allá, eso está claro, pero muchas veces consigo lo opuesto, es decir, encuentro que mis 'poemas' son simples enumeraciones caóticas de elementos y materiales. En fin, te agradezco tu comentario y elogio, un abrazo!
 
Que le inyecten un suicidio cada semana

manos labios horrendos rosetones de catedrales

vencidas o desvencijadas, por donde pasa el

deslumbrante camión de las basuras; que la espuma

vuelque su desolado campo de cicatrices obsoletas,

y que en cada estación las fresas sean indispensables.

Pues mirar adentro, es coleccionar vacas frías, gélidas,

y obtener la matrícula pertinente olvida el riesgo sin preocupación.

Manos que no has de tener no debes ofender:

que escuecen en el aliento las ofrendas determinadas,

los plazos de vencimiento de un augurio constelado.





Se me amontonan los libros, las cadencias,

los ósculos definitivos, los panes sin hostia.

Se me acumulan, innecesariamente, ríos de tinta,

sombras acuáticas, bromuros de la escuela,

la arquitectura del odio. Y yo lloro, definitivamente.

Allá donde crecen las salidas y se amontonan

los labios de la esperanza, donde llueven

sueños y mermeladas, frutas de temporada.

Y las esquirlas furtivas de un emperador romano,

actúan de un modo tergiversado. Allí, precisamente,

tengo mi huerto y mi estancia, bañados por el sol.







Según capiteles, noticias, hombrías disueltas,

según exenciones, nocturnidades, alevosías,

según, según. Reitero loros, la palabra y su garganta.

Hostil como un mandato, ánade frío del martirio.

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Cualquier detalle travieso en esta magistral obra donde los signos universales buscan otros
mundos llenos de sensaciones plenas. desde lo absurdo hacia el difrute. me gustó mucho.
felicidades por la obra. saludos de luzyabsenta
 
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