Mirar al cielo
y encontrar el reflejo de tus besos.
Ansia de mi sed,
encadenada a un solo deseo
que tus vigorosos labios me rocen de nuevo.
Que penetrantes escalofríos,
se apoderen de todo mi cuerpo
y que solo brille
todo lo que por ti siento.
Da igual si estas cerca,
o lejos,
la distancia no es dueña de mi sentimiento.
Como huracán de las Azores,
se mueve dentro de mí.
Es tan grande y eterno,
que juraría que un día de estos me muero.
Se paran las notas musicales,
se instauran los temidos silencios.
Predominan esas miradas fugaces,
hasta que nuestros labios se juntan
y la magia surge de nuevo.
Desearía que este momento fuera eterno,
pero la distancia lamentablemente,
si es dueña de estos acontecimientos.