Mirar tu rostro
Es como observar los precipicios de mis quebradas
Es como no ver nada
Y en ella pueda que el bosquejo de mis llanos
Que las sombras de mis planos se ciernan lusas de si mismas
Los nevados de mis cumbres
Harían de tus mejillas gélidas frías e hirientes
Hoy estas violetamente hermosa
Pero de tus manos afloran negras escafandras
Que a modo de procesión te veneran entre acallados lamentos
Te enuncias algo vetusta para sonreír
Y si lo haces miras hacia abajo maldiciendo estas tertulias
Tarareas algún tema que evocaron nuestras gentes
Y relicariamente hienal lees mis escritos estos poemas
Tratando de aborrecerme tanto como a aquel que te ha olvidado
La música de mis quenas hacen lazos enigmáticos para tus cabellos
Y entre ilusa luchas para que no te rosen para que no te acaricien
Voy a tu lado precediendo las sombras de mis cerros
Tratando de obviar los espinados claveles que brotan de nuestros pasos
Los cuales llevan el color azul del rímel de tus pestañas en sus pétalos
Y que el dolor del golpe de estos vientos es inspiración a tu desdicha
Es como observar los precipicios de mis quebradas
Es como no ver nada
Y en ella pueda que el bosquejo de mis llanos
Que las sombras de mis planos se ciernan lusas de si mismas
Los nevados de mis cumbres
Harían de tus mejillas gélidas frías e hirientes
Hoy estas violetamente hermosa
Pero de tus manos afloran negras escafandras
Que a modo de procesión te veneran entre acallados lamentos
Te enuncias algo vetusta para sonreír
Y si lo haces miras hacia abajo maldiciendo estas tertulias
Tarareas algún tema que evocaron nuestras gentes
Y relicariamente hienal lees mis escritos estos poemas
Tratando de aborrecerme tanto como a aquel que te ha olvidado
La música de mis quenas hacen lazos enigmáticos para tus cabellos
Y entre ilusa luchas para que no te rosen para que no te acaricien
Voy a tu lado precediendo las sombras de mis cerros
Tratando de obviar los espinados claveles que brotan de nuestros pasos
Los cuales llevan el color azul del rímel de tus pestañas en sus pétalos
Y que el dolor del golpe de estos vientos es inspiración a tu desdicha