jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
fumo mientras contemplo masturbarse
a tipos cuya patética facha
irrumpe de pronto en mi pantalla cada vez
que presiono "next" en el recuadro superior central
de la página del jodido chatroulette;
y no sé si deba atribuirlo a los efectos de la nicotina
o quizás al hecho de que llevo días sin dormir como debiera
(pronto tendré que ver al loquero para que me recete
alguna mierda que me quite este creciente voyeurismo)
pero el caso es que de pronto caigo en la cuenta
de que no importa si eres tanto un puto aborigen de nueva caledonia,
o bien un puto vikingo con sobrepeso y micropene y con ojos
de sicópata violador serial de ancianas adictas a bajarse
las bragas en los transportes públicos,
o quizás un puto mexicano ya medio chocho cuyo pasatiempo
es mirar la lluvia caer tras la ventana para inspirarse y
escribir poemas de amor a una hija de puta llamada aurora que
hace tiempo le rompió el corazón;
de que no importa tanto tu edad ni si estás calvo o si tienes
el abdomen marcado o los testículos colapsados hasta las rodillas;
de que da lo mismo tanto si tu aspecto es de orangután o bien en cambio
te pareces a brat pit, john cloney o al policía de la esquina;
y es que en todo caso la técnica para masturbarse de
cada hombre en cualquier lugar de la tierra es siempre
idéntica a la de cualquier otro, la misma cosa, el mismo
movimiento del brazo subiendo y bajando mientras la mano
empuña el tronco del pene y lo sacude ritmicamente una y
otra y otra maldita vez esperando que
por alguna clase de milagro la cara de una mujer
aparezca en la pantalla aunque sea por un miserable instante y
pueda uno así tener ese pendejo pretexto para por fin
descargar la asquerosa sustancia de la que proviene
todo el jodido montón de alimañas que habitamos
este muladar llamado tierra
¿y no es conmovedor el hecho de que en medio de tanta diferencia
a fin de cuentas nos hermane un rasgo inalterable y único?
a tipos cuya patética facha
irrumpe de pronto en mi pantalla cada vez
que presiono "next" en el recuadro superior central
de la página del jodido chatroulette;
y no sé si deba atribuirlo a los efectos de la nicotina
o quizás al hecho de que llevo días sin dormir como debiera
(pronto tendré que ver al loquero para que me recete
alguna mierda que me quite este creciente voyeurismo)
pero el caso es que de pronto caigo en la cuenta
de que no importa si eres tanto un puto aborigen de nueva caledonia,
o bien un puto vikingo con sobrepeso y micropene y con ojos
de sicópata violador serial de ancianas adictas a bajarse
las bragas en los transportes públicos,
o quizás un puto mexicano ya medio chocho cuyo pasatiempo
es mirar la lluvia caer tras la ventana para inspirarse y
escribir poemas de amor a una hija de puta llamada aurora que
hace tiempo le rompió el corazón;
de que no importa tanto tu edad ni si estás calvo o si tienes
el abdomen marcado o los testículos colapsados hasta las rodillas;
de que da lo mismo tanto si tu aspecto es de orangután o bien en cambio
te pareces a brat pit, john cloney o al policía de la esquina;
y es que en todo caso la técnica para masturbarse de
cada hombre en cualquier lugar de la tierra es siempre
idéntica a la de cualquier otro, la misma cosa, el mismo
movimiento del brazo subiendo y bajando mientras la mano
empuña el tronco del pene y lo sacude ritmicamente una y
otra y otra maldita vez esperando que
por alguna clase de milagro la cara de una mujer
aparezca en la pantalla aunque sea por un miserable instante y
pueda uno así tener ese pendejo pretexto para por fin
descargar la asquerosa sustancia de la que proviene
todo el jodido montón de alimañas que habitamos
este muladar llamado tierra
¿y no es conmovedor el hecho de que en medio de tanta diferencia
a fin de cuentas nos hermane un rasgo inalterable y único?