Geraland
Poeta recién llegado
Tuve un pichón naranja de alas largas
que aquel joven se encargó de herir
impidiéndole crecer o volar
también tuve un ruiseñor de melodía dulce
que mi madre se encargó de silenciar
y ni hablemos del azulejo fiel y alegre
que mi padre abandonó en algún lugar
no importa, en el camino conseguí más
y aunque no supe cómo cuidarlos
los mantuve hasta que me los quitaron
una vez, si mi memoria no falla;
un cristofué vivió conmigo
era hermoso, y volaba alto
hasta que Andrómeda se lo llevó,
nunca sabré si lo mantuvo consigo
pero aún lo escucho en mis sueños cantar
mi favorito solía ser aquel de vibrantes colores
que solía acompañarme al parque
era tan hermoso, tan surreal
que nunca supe si me perteneció
ahora tengo tres aves nuevas para mí;
una vuela tan alto como aquel cristofué,
otra canta tan hermoso como aquel ruiseñor,
y la última es tan fiel como el azulejo,
pero esta vez les hice una jaula
amplia y con mis propias manos
ahora me acompañan cada día
y van creciendo en su nuevo hogar
su canto me levanta en la mañana
y en la noche me arrullan los sueños
y aunque en días extraño mis viejas aves
me conforta saber que
mientras existan bosques frondosos,
y amplias praderas,
y selvas profundas,
siempre habrán aves por descubrir.