S.E. Avilés
Poeta Novato
Hace unos días encontré a una persona muy querida y al tratar de acordarnos cuánto hacía que no nos veíamos, me dijo “fue hace 5 años porque andabas traumada de que ibas a cumplir 40 años”…
Cuando reflexioné el asunto, me dí cuenta que cada cambio de década me entran mis crisis de edad…
Al cumplir 20: No recuerdo si me traumé, pero seguro que sí porque era el cambio a los veinTES, pero entonces me comía el mundo a pedazos, era joven, flaca, bella, atrevida y aventurera, así que no creo que mi trauma haya sido muy grande… ¿de que podía quejarme?
Al cumplir 30: Cambiar de los TES a los TAS fue un escándalo, sobre todo porque me salió mi primera cana ¡¡ y justo en la frente donde todos podían verla!! Así que me la arranqué y traté de calmarme, pero sí me llevó un tiempo pues ya tenía que ser una persona madura, que tenía responsabilidades laborales mayores y tomar decisiones sobre matrimonio e hijos, cuando por dentro me seguía sintiendo una chamaca babosa.
Al cumplir 40: Desde un año antes andaba sufriendo. Aunque me veía de menos edad, sentía que ya iba a pertenecer al grupo de las “señoras” y eso no sabía cómo manejarlo. Me volvió a salir la maldita cana en la frente, aunque ahora acompañada de otras más, así que me las volví a arrancar e hice un reventón para celebrar el cumple… pero la sensación de que envejecía no se quitó, aún cuando empecé a ver las ventajas de la madurez en todos los sentidos de mi vida, especialmente el sexual.
Ya voy a la mitad de la década y a mis 45 años me descubro cambiada… Tal vez sonrío menos y se me ha agriado un poco el carácter, pero me río a carcajadas de cosas que antes me mataban de pena y mortificación... Dejó de importarme lo que los demás piensan y si mi critican… Puedo decirle a mi amor imposible de juventud “me traías de un ala”, sin que me avergüence y atacarme de la risa con él por la ocurrencia… Todo lo que de joven era malo, ahora es bueno, muuuy bueno por cierto… Sé perfectamente lo que quiero y lo que no… Disfruto el sexo al máximo y no me reprimo como hacía de joven… Creo que sigo viéndome de menor edad, aunque ya hay más arrugas y canas, pero me encanta poder entrar en un vestido de hace 10 años y que todavía me volteen a ver en la calle... Y ya no sufro por cosas sin importancia… ¡¡¡ME SIENTO PLENA!!! No todo es perfecto. El príncipe azul a veces se te vuelve a convertir en sapo; te preocupas de cuándo te llegará la menopausia; cada vez te duermes más temprano porque ya no aguantas desvelarte; tienes que cuidar lo que comes o te enfermas y engordas el triple; te duelen los huesos; tienes que revisarte cosas que no pensabas; te la pasas pensando cuándo se te caerán algunas cosas y te aterras.
Seguramente cuando llegue a los 50 me voy a querer aventar de la azotea, pues oficialmente ya seré SEÑORA con todas sus letras, arrugas, partes caídas y demás, así es la ley de la vida…
Mientras tanto, trato de disfrutar lo que ahorita tengo, lo bueno y lo malo, y pido todos los días a Dios que, aún cuándo cada 10 años haga un pancho y me azote en las paredes, que pueda yo seguir cambiando de décadas y poder llegar por lo menos a los 80 y ser una viejita toda cuquis, divertida, alivianada y noviera... ¿por qué no?
Cuando reflexioné el asunto, me dí cuenta que cada cambio de década me entran mis crisis de edad…
Al cumplir 20: No recuerdo si me traumé, pero seguro que sí porque era el cambio a los veinTES, pero entonces me comía el mundo a pedazos, era joven, flaca, bella, atrevida y aventurera, así que no creo que mi trauma haya sido muy grande… ¿de que podía quejarme?
Al cumplir 30: Cambiar de los TES a los TAS fue un escándalo, sobre todo porque me salió mi primera cana ¡¡ y justo en la frente donde todos podían verla!! Así que me la arranqué y traté de calmarme, pero sí me llevó un tiempo pues ya tenía que ser una persona madura, que tenía responsabilidades laborales mayores y tomar decisiones sobre matrimonio e hijos, cuando por dentro me seguía sintiendo una chamaca babosa.
Al cumplir 40: Desde un año antes andaba sufriendo. Aunque me veía de menos edad, sentía que ya iba a pertenecer al grupo de las “señoras” y eso no sabía cómo manejarlo. Me volvió a salir la maldita cana en la frente, aunque ahora acompañada de otras más, así que me las volví a arrancar e hice un reventón para celebrar el cumple… pero la sensación de que envejecía no se quitó, aún cuando empecé a ver las ventajas de la madurez en todos los sentidos de mi vida, especialmente el sexual.
Ya voy a la mitad de la década y a mis 45 años me descubro cambiada… Tal vez sonrío menos y se me ha agriado un poco el carácter, pero me río a carcajadas de cosas que antes me mataban de pena y mortificación... Dejó de importarme lo que los demás piensan y si mi critican… Puedo decirle a mi amor imposible de juventud “me traías de un ala”, sin que me avergüence y atacarme de la risa con él por la ocurrencia… Todo lo que de joven era malo, ahora es bueno, muuuy bueno por cierto… Sé perfectamente lo que quiero y lo que no… Disfruto el sexo al máximo y no me reprimo como hacía de joven… Creo que sigo viéndome de menor edad, aunque ya hay más arrugas y canas, pero me encanta poder entrar en un vestido de hace 10 años y que todavía me volteen a ver en la calle... Y ya no sufro por cosas sin importancia… ¡¡¡ME SIENTO PLENA!!! No todo es perfecto. El príncipe azul a veces se te vuelve a convertir en sapo; te preocupas de cuándo te llegará la menopausia; cada vez te duermes más temprano porque ya no aguantas desvelarte; tienes que cuidar lo que comes o te enfermas y engordas el triple; te duelen los huesos; tienes que revisarte cosas que no pensabas; te la pasas pensando cuándo se te caerán algunas cosas y te aterras.
Seguramente cuando llegue a los 50 me voy a querer aventar de la azotea, pues oficialmente ya seré SEÑORA con todas sus letras, arrugas, partes caídas y demás, así es la ley de la vida…
Mientras tanto, trato de disfrutar lo que ahorita tengo, lo bueno y lo malo, y pido todos los días a Dios que, aún cuándo cada 10 años haga un pancho y me azote en las paredes, que pueda yo seguir cambiando de décadas y poder llegar por lo menos a los 80 y ser una viejita toda cuquis, divertida, alivianada y noviera... ¿por qué no?
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