Flavio Hugo Ruvalcaba
Poeta adicto al portal
(Para Doña Myriam, con mi amistad perdurable)
Después de hibernar como insensibles,
que mis dos brazos,
izquierdo y derecho,
al fin sirvan para algo:
que sean una muralla impenetrable,
una silla,
el fiel soldado
que te cuide de todos los peligros
y exorcise a tus sádicos demonios,
y en tu espalda firmes y cerrados,
apretaditos como un nudo,
te quiten los dolores lumbares,
los tigres del invierno
y el cansancio.
Después de hibernar como insensibles,
que mis dos brazos,
izquierdo y derecho,
al fin sirvan para algo:
que sean una muralla impenetrable,
una silla,
el fiel soldado
que te cuide de todos los peligros
y exorcise a tus sádicos demonios,
y en tu espalda firmes y cerrados,
apretaditos como un nudo,
te quiten los dolores lumbares,
los tigres del invierno
y el cansancio.
::::