En mi vida hay dos ejes que me sostienen.
El corazón y mis manos.
Si no tuviera estos ejes que me sostienen, estaría perdida o un amor me los devolvería.
Un amor sensato y a la vez confuso.
Ese eje lo inventan mis fechas.
Flechas cuyo nombre no tienen.
Sólo disparan lento pero no profundizan a ese corazón triste que niega mis palabras.
Caminos pase para estar a su lado y flechas que me robo por ignorante de esta vida injusta.
Flechas que solo un árbol podría regenerar, pero podrían crear fuego con la lluvia de la rabia.
Tan insignificantes fueron las palabras que las manos flojearon y mis ojos se iluminaron y entendieron que un eje de una flecha no cobra sentido si no está afilada.
El corazón y mis manos.
Si no tuviera estos ejes que me sostienen, estaría perdida o un amor me los devolvería.
Un amor sensato y a la vez confuso.
Ese eje lo inventan mis fechas.
Flechas cuyo nombre no tienen.
Sólo disparan lento pero no profundizan a ese corazón triste que niega mis palabras.
Caminos pase para estar a su lado y flechas que me robo por ignorante de esta vida injusta.
Flechas que solo un árbol podría regenerar, pero podrían crear fuego con la lluvia de la rabia.
Tan insignificantes fueron las palabras que las manos flojearon y mis ojos se iluminaron y entendieron que un eje de una flecha no cobra sentido si no está afilada.