Mis noches sin ti
Me voy a la cama, son las doce,
no estás ahí, pero me imagino tu roce,
la suavidad y la dulzura de tu piel,
las caricias que nos damos antes de dormir bien.
Cierro los ojos, y me tapo con las sabanas que huelen a ti,
no tengo sueño, tan sólo estoy triste porque te has vuelto a ir,
quiero sentir tu compañía y tu calor,
y para ello me abrazo, pasando mis manos por mi corazón.
Pasan los minutos como mazazos en mi pecho,
no encuentro las posturas para dormir en mi lecho,
pues sin ti mi cama es tan cómoda como una dama de hierro,
pues me hiere, está fría y no me provoca sueño.
Cuando consigo dormirme igual ha pasado más de una hora,
tengo sueños en los que apareces y me besas sin demora,
me agarras y te aferras a mi calor,
somos felices, y entonces es cuando el sueño se acabó.
Abro mis ojos y te busco con mis manos,
y entonces me doy cuenta de que no estas a mi lado,
me levanto con una triste cara,
y mi madre me pregunta “hijo, qué te pasa”
No me atrevo a decirle que es que estoy enamorado,
que no pasa ni un minuto sin que en ti haya pensado,
que ahora sé lo que es despertar sin lo que más amas a tu lado,
que te sientes como si no tuvieras vida, tan sólo un cuerpo derrotado.
Que hay veces que incluso me levanto entre lágrimas de nostalgia,
pues tengo pesadillas en las que te vas, o en las que de chico cambias.
Que levantarse sin ti abrazándome es lo peor del mundo,
que siento como si mi corazón se encontrara moribundo.
Que te necesito siempre dándome tu cariño,
que necesito que me hagas reír como si fuera un niño,
que necesito de tu infinito amar,
que necesito de tu mano, para en esta vida caminar,
que contigo no tengo miedo a dar el siguiente paso para avanzar,
que el camino que nos queda quiero que sea contigo, hasta el final.
Me voy a la cama, son las doce,
no estás ahí, pero me imagino tu roce,
la suavidad y la dulzura de tu piel,
las caricias que nos damos antes de dormir bien.
Cierro los ojos, y me tapo con las sabanas que huelen a ti,
no tengo sueño, tan sólo estoy triste porque te has vuelto a ir,
quiero sentir tu compañía y tu calor,
y para ello me abrazo, pasando mis manos por mi corazón.
Pasan los minutos como mazazos en mi pecho,
no encuentro las posturas para dormir en mi lecho,
pues sin ti mi cama es tan cómoda como una dama de hierro,
pues me hiere, está fría y no me provoca sueño.
Cuando consigo dormirme igual ha pasado más de una hora,
tengo sueños en los que apareces y me besas sin demora,
me agarras y te aferras a mi calor,
somos felices, y entonces es cuando el sueño se acabó.
Abro mis ojos y te busco con mis manos,
y entonces me doy cuenta de que no estas a mi lado,
me levanto con una triste cara,
y mi madre me pregunta “hijo, qué te pasa”
No me atrevo a decirle que es que estoy enamorado,
que no pasa ni un minuto sin que en ti haya pensado,
que ahora sé lo que es despertar sin lo que más amas a tu lado,
que te sientes como si no tuvieras vida, tan sólo un cuerpo derrotado.
Que hay veces que incluso me levanto entre lágrimas de nostalgia,
pues tengo pesadillas en las que te vas, o en las que de chico cambias.
Que levantarse sin ti abrazándome es lo peor del mundo,
que siento como si mi corazón se encontrara moribundo.
Que te necesito siempre dándome tu cariño,
que necesito que me hagas reír como si fuera un niño,
que necesito de tu infinito amar,
que necesito de tu mano, para en esta vida caminar,
que contigo no tengo miedo a dar el siguiente paso para avanzar,
que el camino que nos queda quiero que sea contigo, hasta el final.