Mis ojos como hacedores de incendios

Pessoa

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MIS OJOS COMO HACEDORES DE INCENDIOS

Llueve a campos perdidos pedernal de mi mirada
Juan Larrea.- “Otoño IV el obsequioso”


Y desde el centro flemático de mis ojos

gotean las imágenes que he ido recogiendo

por las aceras en llamas.

Abriendo el pozo insondable de mi alma

saco a pasear -por pura higiene tan sólo-

aquellos cartones viejos, aquellas miradas turbias

encontradas en las tardes en las yo sólo era sombra.



No me pidáis que defina aquel antiguo paisaje

ni que describa las lomas embrutecidas por las rocas

sólo puedo recordar la voracidad de los saltamontes

que con sus alas azules (los de las rojas eran toreros)

saltaban frente a los cernícalos hambrientos.

Y tampoco entonces llovía.

Estaban las nubes clausuradas en estancias compartidas

con las olas y los murciélagos.



Los pianos blanquinegros enmudecían espantados

por la sutil presencia de sus antiguos interprétes

que bajaban desde las fotos sepias

en las brumosas tardes de invierno.



No. No puedo describir los paisajes quebradizos

ni la veleidad del aire

ni la posición exacta de las ferruginosas veletas

cuando las sonoras campanas repicaban

su toque a muerto.


Tan sólo observad mis ojos, las lágrimas que destilan.

En ellas podréis encontrar como en antiguos dijes

las procaces melodías que acompañan mis recuerdos.

Me pesan los horizontes incapaces de soportar

la lentitud de mis ojos

incendiarios pedernales que destruyen cuanto leen

y dejan rosas marchitas en los búcaros

junto al lecho aún caliente

y con la forma de tus pechos.


Lloro también ángeles para custodiar las tumbas

en las praderas sin luz de la noche aciaga.

Aunque se que muchos acabarán en sótanos como aullidos

como amapolas venéreas.


ORTIZPOZO2.jpg


Ilust.: Aníbal Ortiz Pozo
 
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MIS OJOS COMO HACEDORES DE INCENDIOS

Llueve a campos perdidos pedernal de mi mirada
Juan Larrea.- “Otoño IV el obsequioso”


Y desde el centro flemático de mis ojos

gotean las imágenes que he ido recogiendo

por las aceras en llamas.

Abriendo el pozo insondable de mi alma

saco a pasear -por pura higiene tan sólo-

aquellos cartones viejos, aquellas miradas turbias

encontradas en las tardes en las yo sólo era sombra.



No me pidáis que defina aquel paisaje antiguo

ni que describa las lomas embrutecidas por las rocas

sólo puedo recordar la voracidad de los saltamontes

que con sus alas azules (los de las rojas eran toreros)

saltaban frente a los cernícalos hambrientos.

Y tampoco entonces llovía.

Estaban las nubes clausuradas en estancias compartidas

con las olas y los murciélagos.



Los pianos blanquinegros enmudecían espantados

por la sutil presencia de sus antiguos interprétes

que bajaban desde las fotos sepias

en las brumosas tardes de invierno.



No. No puedo describir los paisajes quebradizos

ni la veleidad del aire

ni la posición exacta de las ferruginosas veletas

cuando las sonoras campanas repicaban

su toque a muerto.


Tan sólo observad mis ojos, las lágrimas que destilan.

En ellas podréis encontrar como en antiguos dijes

las procaces melodías que acompañan mis recuerdos.

Me pesan los horizontes incapaces de soportar

la lentitud de mis ojos

incendiarios pedernales que destruyen cuanto leen

y dejan rosas marchitas en los búcaros

junto al lecho aún caliente

y con la forma de tus pechos.


Lloro también ángeles para custodiar las tumbas

en las praderas sin luz de la noche aciaga.

Aunque se que muchos acabarán en sótanos como aullidos

como amapolas venéreas.


ORTIZPOZO2.jpg


Ilust.: Aníbal Ortiz Pozo
MIS OJOS COMO HACEDORES DE INCENDIOS

Llueve a campos perdidos pedernal de mi mirada
Juan Larrea.- “Otoño IV el obsequioso”


Y desde el centro flemático de mis ojos

gotean las imágenes que he ido recogiendo

por las aceras en llamas.

Abriendo el pozo insondable de mi alma

saco a pasear -por pura higiene tan sólo-

aquellos cartones viejos, aquellas miradas turbias

encontradas en las tardes en las yo sólo era sombra.



No me pidáis que defina aquel paisaje antiguo

ni que describa las lomas embrutecidas por las rocas

sólo puedo recordar la voracidad de los saltamontes

que con sus alas azules (los de las rojas eran toreros)

saltaban frente a los cernícalos hambrientos.

Y tampoco entonces llovía.

Estaban las nubes clausuradas en estancias compartidas

con las olas y los murciélagos.



Los pianos blanquinegros enmudecían espantados

por la sutil presencia de sus antiguos interprétes

que bajaban desde las fotos sepias

en las brumosas tardes de invierno.



No. No puedo describir los paisajes quebradizos

ni la veleidad del aire

ni la posición exacta de las ferruginosas veletas

cuando las sonoras campanas repicaban

su toque a muerto.


Tan sólo observad mis ojos, las lágrimas que destilan.

En ellas podréis encontrar como en antiguos dijes

las procaces melodías que acompañan mis recuerdos.

Me pesan los horizontes incapaces de soportar

la lentitud de mis ojos

incendiarios pedernales que destruyen cuanto leen

y dejan rosas marchitas en los búcaros

junto al lecho aún caliente

y con la forma de tus pechos.


Lloro también ángeles para custodiar las tumbas

en las praderas sin luz de la noche aciaga.

Aunque se que muchos acabarán en sótanos como aullidos

como amapolas venéreas.


ORTIZPOZO2.jpg


Ilust.: Aníbal Ortiz Pozo

Realmente, narras unas calles de vientos que lijan... un pasado duro nos cuentas en versos de gran cálidad, muy interesante lectura, una maravilla su obra escrita, querido amigo Miguel, mis aplausos. Un cálido saludo, que pases muy buenos días.
 
Siempre es un gusto leerlo mi querido Pessoa, tiene la magia de la sensibilidad en cada imagen...
que en la presente historia, se desenvuelve con desenfado lírico. Mucha nostalgia, que convirtieron
a sus ojos en llamas por todo lo vivido, tiempos en donde sólo se sentía como una sombra... porque
la realidad de entonces siempre le fue dura... y que hoy crepitan no sólo en sus ojos cansados, sino
que también arden en los paisajes de su agobiada memoria.

Un hermoso poema... un hermoso contenido. Lo saluda su amigo: El Gitano.
 
Los pianos blanquinegros enmudecían espantados

por la sutil presencia de sus antiguos interprétes

que bajaban desde las fotos sepias

en las brumosas tardes de invierno.

Surrealismo, y además dulce magia.
Cuando paso por este foro, me quedo extasiada ante el arte que descubro en tus universos.
Te saludo con mi admiración de siempre, me cuesta definir una obra tan bella,
 
Mi querido TribuZen: como considero que tu poesía es tanto o más surrealista que la mía, aunque de factura netamente superior, voy a proponerte una reflexión motivada por tu comentario. Precisamente por su carácter surreal, una especie de transfusión inmediata de la idea al papel, el autor no es muy consciente de la carga poética que transmite, siendo el lector quien sabe, o puede leer entre los versos la idea central o las facetas más sugerentes de lo transmitido.
narras unas calles de vientos que lijan... un pasado duro nos cuentas en versos
Esta frase tuya, compendio de lo que has percibido desde mis versos, me aporta una imagen inédita que nunca traté de plasmar en ellos.
Te agradezco esa, creo que impensada, colaboración en favor de mi autointerpretación. Un abrazo, amigo mío.
miguel
 
Igualmente, amigo Gitano, me permito ampliar la anterior reflexión a su espléndido comentario que, como en otras ocasiones, se explaya y recrea en mis versos, aportándome con su interpretación luces inéditas que, a su vez, me permiten su relectura bajo esos nuevos y necesarios haces luminosos. Muchísimas gracias y espero seguir contando con su lectura tan valiosa. Desde España un fuerte abrazo, amigo mío.
miguel
 
Realmente, mi querida CecyB, es muy difícil hechizar a una hechicera. Si realmente lo logran mis versos han cumplido "cum laudem" el objetivo para el que fueron escritos. Pero creo que en esta caso se trata tan sólo de una feliz sintonía. En todo caso mi más sincero agradecimiento por tus bellas palabras. Un cordial saludo,
miguel
 
MIS OJOS COMO HACEDORES DE INCENDIOS

Llueve a campos perdidos pedernal de mi mirada
Juan Larrea.- “Otoño IV el obsequioso”


Y desde el centro flemático de mis ojos

gotean las imágenes que he ido recogiendo

por las aceras en llamas.

Abriendo el pozo insondable de mi alma

saco a pasear -por pura higiene tan sólo-

aquellos cartones viejos, aquellas miradas turbias

encontradas en las tardes en las yo sólo era sombra.



No me pidáis que defina aquel antiguo paisaje

ni que describa las lomas embrutecidas por las rocas

sólo puedo recordar la voracidad de los saltamontes

que con sus alas azules (los de las rojas eran toreros)

saltaban frente a los cernícalos hambrientos.

Y tampoco entonces llovía.

Estaban las nubes clausuradas en estancias compartidas

con las olas y los murciélagos.



Los pianos blanquinegros enmudecían espantados

por la sutil presencia de sus antiguos interprétes

que bajaban desde las fotos sepias

en las brumosas tardes de invierno.



No. No puedo describir los paisajes quebradizos

ni la veleidad del aire

ni la posición exacta de las ferruginosas veletas

cuando las sonoras campanas repicaban

su toque a muerto.


Tan sólo observad mis ojos, las lágrimas que destilan.

En ellas podréis encontrar como en antiguos dijes

las procaces melodías que acompañan mis recuerdos.

Me pesan los horizontes incapaces de soportar

la lentitud de mis ojos

incendiarios pedernales que destruyen cuanto leen

y dejan rosas marchitas en los búcaros

junto al lecho aún caliente

y con la forma de tus pechos.


Lloro también ángeles para custodiar las tumbas

en las praderas sin luz de la noche aciaga.

Aunque se que muchos acabarán en sótanos como aullidos

como amapolas venéreas.


ORTIZPOZO2.jpg


Ilust.: Aníbal Ortiz Pozo
Paisajes quebrados que perforan la mente, esa lluvia un jadeo
donde los maullidos se empapan y fluyen en recuerds.
formas y ahoras que se cubren sin olvidar el umblar y
queriendo asi recrearse en esos alimentos de razon.
saludos. bellisimo. luzyabsenta
 
MIS OJOS COMO HACEDORES DE INCENDIOS

Llueve a campos perdidos pedernal de mi mirada
Juan Larrea.- “Otoño IV el obsequioso”


Y desde el centro flemático de mis ojos

gotean las imágenes que he ido recogiendo

por las aceras en llamas.

Abriendo el pozo insondable de mi alma

saco a pasear -por pura higiene tan sólo-

aquellos cartones viejos, aquellas miradas turbias

encontradas en las tardes en las yo sólo era sombra.



No me pidáis que defina aquel antiguo paisaje

ni que describa las lomas embrutecidas por las rocas

sólo puedo recordar la voracidad de los saltamontes

que con sus alas azules (los de las rojas eran toreros)

saltaban frente a los cernícalos hambrientos.

Y tampoco entonces llovía.

Estaban las nubes clausuradas en estancias compartidas

con las olas y los murciélagos.



Los pianos blanquinegros enmudecían espantados

por la sutil presencia de sus antiguos interprétes

que bajaban desde las fotos sepias

en las brumosas tardes de invierno.



No. No puedo describir los paisajes quebradizos

ni la veleidad del aire

ni la posición exacta de las ferruginosas veletas

cuando las sonoras campanas repicaban

su toque a muerto.


Tan sólo observad mis ojos, las lágrimas que destilan.

En ellas podréis encontrar como en antiguos dijes

las procaces melodías que acompañan mis recuerdos.

Me pesan los horizontes incapaces de soportar

la lentitud de mis ojos

incendiarios pedernales que destruyen cuanto leen

y dejan rosas marchitas en los búcaros

junto al lecho aún caliente

y con la forma de tus pechos.


Lloro también ángeles para custodiar las tumbas

en las praderas sin luz de la noche aciaga.

Aunque se que muchos acabarán en sótanos como aullidos

como amapolas venéreas.


ORTIZPOZO2.jpg


Ilust.: Aníbal Ortiz Pozo
ya te veo haciendo esos estragos al alma, grato leerte amigo poeta, saludos cordiales
 
Muchas gracias, Carlos, querido amigo. Es grato encontrar tus comentarios como joyas obsequiosas junto a mis versos. Y muy de agradecer. Aunque todas tus letras están plenas de belleza y significaciones que muchas veces se me escapan, tu expresión en el de hoy :"Paisajes quebrados que perforan la mente...", me ha conmovido especialmente. Te deseo un muy buen fin de semana. Abrazos,
miguel
 
Muchas gracias, Marianne, por tu lectura y el bello comentario que me dejas. Pero no, no me veo haciendo estragos en almas ajenas. En todo caso algunos de mis poemas (no suelo publicarlos) hacen estragos en la mía, como debe de ser. Un cordial saludo y muy grato fin de semana.
miguel
 

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