A veces me da por destapar el frasco de la tristeza para amargar con unas cucharadas mi taza de café por las mañanas.
Hay noches en las que deshago telarañas para tejer las esquinas de mi habitación con sueños olvidados y suspiros añejos.
De vez en cuando abro las ventanas para dejar entrar las tormentas que me azotan el rostro dejando cicatrices en mis mejillas.
Recorto fragmentos de recuerdos para decorar el piso de abajo de mi cama y esconder aquellos donde alguna vez fuí feliz.
Hay noches en las que deshago telarañas para tejer las esquinas de mi habitación con sueños olvidados y suspiros añejos.
De vez en cuando abro las ventanas para dejar entrar las tormentas que me azotan el rostro dejando cicatrices en mis mejillas.
Recorto fragmentos de recuerdos para decorar el piso de abajo de mi cama y esconder aquellos donde alguna vez fuí feliz.