Mis tres edades, andando contigo

Robsalz

Poeta que considera el portal su segunda casa
Mis dioses en la cabecera de la cama discutiendo sobre política,
tu jueguito dorado en el piso todavía con gotas de sudor
aparcado sin delicadeza en una esquina
donde empezamos haciendo el amor.

Una primera edición del Quijote firmada por Cervantes,
marcas de tu labial por todo el colchón,
ciertamente la mañana es más elegante
con tu cuerpo a mi alrededor.

Las tres edades que cargo encima como cuervos,
los ochenta años que tiene mi alma,
los cuarenta y dos que dice mi cédula que tengo
y los cincuenta y nueve que aparento y no me engañan.

Mis intenciones de no volver a creer en nadie,
tu silueta desnuda cobijada al viento,
tres moretones en mi cuello cuando me besaste
y yo deseando un cuarto para hacer un viaje completo.

Mi Cantinflas interno que me mira con seriedad,
mi lengua con el gusto del gusto de tus piernas,
volteas dormida y se me olvida que hubo tempestad,
así despeinada te ves tan bella.

La quincena con dos minutos de retraso,
tus zapatos tirados en la puerta del dormitorio,
tus huellas descalzas con muy buen paso
que caminaban conmigo, cocinando mis besos a tu antojo.

Mis dioses planeando quitarte las cobijas,
mis edades acariciando tu jueguito dorado,
despiertas y miro que te sale una sonrisa,
me llamas de reojo y me acuesto a tu lado.
 
Mis dioses en la cabecera de la cama discutiendo sobre política,
tu jueguito dorado en el piso todavía con gotas de sudor
aparcado sin delicadeza en una esquina
donde empezamos haciendo el amor.

Una primera edición del Quijote firmada por Cervantes,
marcas de tu labial por todo el colchón,
ciertamente la mañana es más elegante
con tu cuerpo a mi alrededor.

Las tres edades que cargo encima como cuervos,
los ochenta años que tiene mi alma,
los cuarenta y dos que dice mi cédula que tengo
y los cincuenta y nueve que aparento y no me engañan.

Mis intenciones de no volver a creer en nadie,
tu silueta desnuda cobijada al viento,
tres moretones en mi cuello cuando me besaste
y yo deseando un cuarto para hacer un viaje completo.

Mi Cantinflas interno que me mira con seriedad,
mi lengua con el gusto del gusto de tus piernas,
volteas dormida y se me olvida que hubo tempestad,
así despeinada te ves tan bella.

La quincena con dos minutos de retraso,
tus zapatos tirados en la puerta del dormitorio,
tus huellas descalzas con muy buen paso
que caminaban conmigo, cocinando mis besos a tu antojo.

Mis dioses planeando quitarte las cobijas,
mis edades acariciando tu jueguito dorado,
despiertas y miro que te sale una sonrisa,
me llamas de reojo y me acuesto a tu lado.
Creo que estás rodeado de todo lo que necesitas. Un abrazo, Robsalz.
 

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