Cuando recogí tú pelo,
mí sacudido frenesí,
ya estaba olvidado.
Mí fatiga gastada, no dormía,
tú oxidado poderío, rompía
mí crepúsculo, mí noche y mí día.
invitando al tiempo,
a conspirar contra mí debilidad;
- mí pecho repleto de alma-
Aprendí a medir tú opaca dulzura,
entre el pavoroso despertar
y la furia de lo desaparecido.
Respuesta ácida y sin salida,
atravesado por lo que enfría,
quemado y llevado por mí hombría.
Entonces, con tú mano terrible,
nunca nos encontramos
y nos estrellamos en lo implacable.
Nos herimos irremediablemente,
como hombre y mujer,
sin suplicio, sin comprensión, sin existencia.
Exterminio del amor y el deseo,
que no fuimos capaz de defender,
compañía que jamás exploramos.
Ahora,...adiós a tú disuelta sombra,
adiós, a este difícil oficio mío,
de leer, tú encaprichado pensamiento.
Lloraré hasta quedar ciego,
pero no por ti, si no por mí,
por haberme quedado ciego antes.
Sin darme cuenta, de que,...
la pretensión sin acción,
es una miserable ilusión.
mí sacudido frenesí,
ya estaba olvidado.
Mí fatiga gastada, no dormía,
tú oxidado poderío, rompía
mí crepúsculo, mí noche y mí día.
invitando al tiempo,
a conspirar contra mí debilidad;
- mí pecho repleto de alma-
Aprendí a medir tú opaca dulzura,
entre el pavoroso despertar
y la furia de lo desaparecido.
Respuesta ácida y sin salida,
atravesado por lo que enfría,
quemado y llevado por mí hombría.
Entonces, con tú mano terrible,
nunca nos encontramos
y nos estrellamos en lo implacable.
Nos herimos irremediablemente,
como hombre y mujer,
sin suplicio, sin comprensión, sin existencia.
Exterminio del amor y el deseo,
que no fuimos capaz de defender,
compañía que jamás exploramos.
Ahora,...adiós a tú disuelta sombra,
adiós, a este difícil oficio mío,
de leer, tú encaprichado pensamiento.
Lloraré hasta quedar ciego,
pero no por ti, si no por mí,
por haberme quedado ciego antes.
Sin darme cuenta, de que,...
la pretensión sin acción,
es una miserable ilusión.