Solo la misericordia del señor podrá regalarme la paz,
el oxido mezquino que produce la ansiedad envuelve mi vida,
el tiempo inexorable se que caduca con la muerte,
pero mientras tanto que hacer para no desperdiciarlo,
no alcanza mi fe para creer que ni la muerte me podrá vencer,
y mi alma se arruga cada vez más al no alcanzar al extraviado sosiego,
en giros vertiginosos me pierdo y quedo como un sicofanta ante la vida,
y arrodillado ante el gran creador mis ojos dejan caer lagrimas de disculpas,
al no poder cumplir de una forma precisa con el don de la vida,
que hacer con la psicópata angustia,
es la gran pregunta,
y el terror de la frustración me obsesiona a buscar respuestas a preguntas imposibles,
cayendo nuevamente en lagrimas de disculpas rogando misericordia divina,
a veces encuentro vestigios de luz.
Luego desesperado inútilmente trato de alzar mi frente,
y rendido pero con la certeza de algo descanso,
la muerte sé que será inevitable,
y el mensajero del más allá alguna vez me tomara las manos,
ahí sabré que los días se abran acabado,
entonces si en ese ultimo momento de lucidez puedo reír de felicidad,
sabré que mi alma ya habrá madurado.
el oxido mezquino que produce la ansiedad envuelve mi vida,
el tiempo inexorable se que caduca con la muerte,
pero mientras tanto que hacer para no desperdiciarlo,
no alcanza mi fe para creer que ni la muerte me podrá vencer,
y mi alma se arruga cada vez más al no alcanzar al extraviado sosiego,
en giros vertiginosos me pierdo y quedo como un sicofanta ante la vida,
y arrodillado ante el gran creador mis ojos dejan caer lagrimas de disculpas,
al no poder cumplir de una forma precisa con el don de la vida,
que hacer con la psicópata angustia,
es la gran pregunta,
y el terror de la frustración me obsesiona a buscar respuestas a preguntas imposibles,
cayendo nuevamente en lagrimas de disculpas rogando misericordia divina,
a veces encuentro vestigios de luz.
Luego desesperado inútilmente trato de alzar mi frente,
y rendido pero con la certeza de algo descanso,
la muerte sé que será inevitable,
y el mensajero del más allá alguna vez me tomara las manos,
ahí sabré que los días se abran acabado,
entonces si en ese ultimo momento de lucidez puedo reír de felicidad,
sabré que mi alma ya habrá madurado.