susoermida
Poeta recién llegado
Madre,
quizás hoy el corazón se torne puño doloroso
y hasta me duela la vida
que originaste,
quizás
las campanas de los ojos
toquen una sorda llamada al origen.
Hoy
todo parece inútil,
la cresta de la vida es luto preparado.
Las manos, fermentos agonizantes
donde se acumula
el saludo de la muerte.
Nos han rifado madre,
como si fuéramos tristes premios,
cenizas,
pertenencias de una tómbolas;
balcones donde se asoman
las impertinencias del poder,
las bocas acucharadas de quienes rompen
el origen
y el aliento de la vida.
Ya ves,
no preguntes por qué somos tristes.
La indiferencia,
el poder y el papel de transacción
se hacen cemento y en otras entrañas
se originan cantaros de dolor.
Estos manantiales
de los cuales somos mendigos
se han encontrado con el azufre de la muerte.
No tenemos nada
solo una losa de estrellas.
El propio hierro que asumió la legumbre
se hizo cómplice obligado
y edifico carrozas aéreas.
Ya ves,
¿de qué podemos alegrarnos?
¿de qué nos asombramos?
más
que
de
dos
más
dos
con un final tenebroso
o para engordar con la lepra de papel
que nos despampana y confunde.
Existe un aire guardado
en unas palomas frías,
traen corpúsculos, cargas eléctricas nulas,
todo y nada.
Así nos dejaran.
Como campos yermos y agonizantes.
Como fuentes de estertor
Olvidados del gesto y de la vida
para que alguien juzgue,
calcule en una suma
la dimensión de la osadía.