Misterios de la muerte

Alan Gabriel

Poeta recién llegado
Aquellas campanas, esa dulce melodía de tu voz,
Si, lo recuerdo, era nuestro día, el más puro de todos.
El sol en tu rostro y la brisa en tu piel,
Tus manos sobre mi pecho y tus labios cerca de los míos.

Ese día me enseñaste a amar, a querer a los demás y sobre todo a perdonar,
Me enseñaste a no rendirme ante los golpes de la vida, a seguir adelante,
A seguir por aquellos caminos oscuros del destino y afrontarlos con alegría.
Pero nunca me enseñaste a vivir sin ti,
Sin tu alma, sin tu cuerpo, sin tu amor.

Con el tiempo aprendí a odiar, a rendirme ante el mañana,
A perder las ganas de existir,
Si tan solo supieras lo que siento en este negro día,
Si tan solo supieras la marca que dejaste en mí,
Aquellos momentos arden en mi mente como estelas de fuego,
Perdóname por no haber estado al lado tuyo más me necesitabas.

Como sigue mi vida ahora, que sentido tiene,
Por que tu rostro ha perdido su color, porque tiemblas de frío,
No llores por mí, no lo merezco,
Vive tu vida sin miedo, ama a los demás, estaré a tu lado por siempre.
Buenas noches amada mía, mi alma debe regresar a donde pertenece
 

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