Dark_Fairy
Poeta que considera el portal su segunda casa
Se escurre magnesio
frío, devastador, por
mi ojo, por mi cuello
y toma el lugar del perfume
en mis senos, se escurre
magnesio disfrazado de plateado
como manantial de luces
fantasmales, se va escurriendo
encantado.
Y del ojo no sale lágrima
de agua, y para ellos
lo que siento está en hebreo
se sigue vaciando el ya
disconforme hemisferio
cantan sapos y ranas con
descontento, nunca vi
brillar más lejos la estrella
del techo, ¿Se vería
bien en mis dedos?.
Se eleva el terror
de los extravagantes destellos
y neuronas gritan pues las
está violando el cerebro
y allá arriba y adentro
es una conmoción de electrodos
y misterios, de algo se
cobra venganza el olor
a muerto, y aunque consciente
se sigue escurriendo magnesio.
Todo mi cuerpo se deforma
el infierno se pasa del estómago
a la boca, una batalla interna
y años le costó su reinado
¿Dónde?
En la mitad del cráneo.
Seguro que por eso me miran
asombrados, bañándome
en fangos y coágulos desmembrados
y en esos días hasta el tabaco
se sonríe descuartizado.
Y podría tenerlo entonces
deshuesado (sigue escurriendo
magnesio por mis brazos.)
Hasta llegar a mis uñas gozosas
del negro, que nunca pinté con
carbón, como lo hicieron esos
hambrientos y explotados, en
aquella revolución.
frío, devastador, por
mi ojo, por mi cuello
y toma el lugar del perfume
en mis senos, se escurre
magnesio disfrazado de plateado
como manantial de luces
fantasmales, se va escurriendo
encantado.
Y del ojo no sale lágrima
de agua, y para ellos
lo que siento está en hebreo
se sigue vaciando el ya
disconforme hemisferio
cantan sapos y ranas con
descontento, nunca vi
brillar más lejos la estrella
del techo, ¿Se vería
bien en mis dedos?.
Se eleva el terror
de los extravagantes destellos
y neuronas gritan pues las
está violando el cerebro
y allá arriba y adentro
es una conmoción de electrodos
y misterios, de algo se
cobra venganza el olor
a muerto, y aunque consciente
se sigue escurriendo magnesio.
Todo mi cuerpo se deforma
el infierno se pasa del estómago
a la boca, una batalla interna
y años le costó su reinado
¿Dónde?
En la mitad del cráneo.
Seguro que por eso me miran
asombrados, bañándome
en fangos y coágulos desmembrados
y en esos días hasta el tabaco
se sonríe descuartizado.
Y podría tenerlo entonces
deshuesado (sigue escurriendo
magnesio por mis brazos.)
Hasta llegar a mis uñas gozosas
del negro, que nunca pinté con
carbón, como lo hicieron esos
hambrientos y explotados, en
aquella revolución.