A la gente le molesta ver a dos del mismo sexo amarse,
pero aplaude al hombre que golpea a su mujer
y luego se cubre con la excusa de la fe.
A la gente le molesta la mujer mayor con un hombre joven,
pero calla ante hogares rotos,
donde el esposo se convierte en un fantasma indiferente.
A la gente le molesta mirar a las muchachas en uniforme,
señalar sus piernas, desear en secreto,
mientras se condena en voz alta lo que se practica en silencio.
A la gente le molesta ver triunfos ajenos,
porque recuerdan las derrotas que llevan dentro,
los sueños nunca cumplidos,
las metas muertas en el camino.
A la gente le molesta el cuerpo con sobrepeso,
porque en él se refleja la vergüenza que se intentó olvidar.
A la gente le molesta el niño indefenso,
porque su fragilidad desnuda la cobardía
de quienes golpean para sentirse fuertes,
mientras en las casas se repite la escena
de una madre tragando golpes como si fueran pan diario.
A la gente le molesta que se diga “enojo”
cuando en realidad es cansancio:
cansancio de las comparaciones,
cansancio de un hogar que ya no es refugio,
sino un campo de batalla.
A la gente le molesta la prostituta en la esquina,
pero nunca ha sentido el hambre que lleva a vender el cuerpo.
Molestan las mujeres golpeadas que no se van,
pero es fácil hablar de libertad
cuando nunca se ha dormido al lado del verdugo.
A la gente le molesta la pobreza en los semáforos,
pero jamás han probado lo que es pasar días sin comer.
Molesta todo lo que no entienden,
todo lo que los confronta,
todo lo que les recuerda que son frágiles.
La vida no siempre es justicia,
ni amor, ni belleza.
A veces solo es ruina,
golpes, silencios,
y verdades que nadie quiere decir en voz alta.
-Dior
pero aplaude al hombre que golpea a su mujer
y luego se cubre con la excusa de la fe.
A la gente le molesta la mujer mayor con un hombre joven,
pero calla ante hogares rotos,
donde el esposo se convierte en un fantasma indiferente.
A la gente le molesta mirar a las muchachas en uniforme,
señalar sus piernas, desear en secreto,
mientras se condena en voz alta lo que se practica en silencio.
A la gente le molesta ver triunfos ajenos,
porque recuerdan las derrotas que llevan dentro,
los sueños nunca cumplidos,
las metas muertas en el camino.
A la gente le molesta el cuerpo con sobrepeso,
porque en él se refleja la vergüenza que se intentó olvidar.
A la gente le molesta el niño indefenso,
porque su fragilidad desnuda la cobardía
de quienes golpean para sentirse fuertes,
mientras en las casas se repite la escena
de una madre tragando golpes como si fueran pan diario.
A la gente le molesta que se diga “enojo”
cuando en realidad es cansancio:
cansancio de las comparaciones,
cansancio de un hogar que ya no es refugio,
sino un campo de batalla.
A la gente le molesta la prostituta en la esquina,
pero nunca ha sentido el hambre que lleva a vender el cuerpo.
Molestan las mujeres golpeadas que no se van,
pero es fácil hablar de libertad
cuando nunca se ha dormido al lado del verdugo.
A la gente le molesta la pobreza en los semáforos,
pero jamás han probado lo que es pasar días sin comer.
Molesta todo lo que no entienden,
todo lo que los confronta,
todo lo que les recuerda que son frágiles.
La vida no siempre es justicia,
ni amor, ni belleza.
A veces solo es ruina,
golpes, silencios,
y verdades que nadie quiere decir en voz alta.
-Dior