Lôren
Poeta fiel al portal
¡Todo se torna magnífico, esplendorosamente extraordinario!
A mi alrededor todo adquiere un matiz divino, pletórico: las migajas de pan esparcidas revoltosamente sobre la mesa asemejan chispas de inspiración. Las sábanas desechas,impregnadas de sexo y somnolencia, se transforman en velos vibrantes de transparente armonía. ¡Qué decir del polvo acumulado en la encimera, resbalando como una fina lluvia dorada de alegría sin fin!
El aburrimiento muta suavemente en un orgásmico silencio, y la negligencia acumulada de los años vagabundos se vomita a sí misma como la encarnación misma de la elegancia. ¿Quién me creería si le confiase que los cuadros que plagan los muros de mi habitación buscan sin cese su propia expresión viva en el espacio?
¡Qué espectáculo majestuoso!
Las bombillas saltan extáticamente, los paraguas pestañaen gotas de colores vibrantes, los cojines recobran la memoria de sus perfectas formas y las guitarras exhalan arpegios de agudísima serenidad
Todos los miembros de mi cuerpo de ensalzan y basta el más diminuto órgano entona su canción. Los pies, las tripas, cada uno de mis cabellos, el peroné,las uñas y sus otros compatriotas corporales se sintonizan entre sí cristalizando una bellísima melodía. La arquitectura gigantesca de este incommesurable momento se alza en marfil y viento ante mis ojos.
¡Qué luminosa emoción! ¡ Qué vibrante locura!
Nunca hubiera pensado que una mañana calurosa de marzo hallaría, enredada a mi cama y sin previo aviso celestial, tal momento irrepetible de éxtasis en flujo continuo.
¿Será acaso el peso de lo cotidiano el pretexto que utiliza lo extraordinario para crear la incipiente necesidad de expandirse a su encuentro?
A mi alrededor todo adquiere un matiz divino, pletórico: las migajas de pan esparcidas revoltosamente sobre la mesa asemejan chispas de inspiración. Las sábanas desechas,impregnadas de sexo y somnolencia, se transforman en velos vibrantes de transparente armonía. ¡Qué decir del polvo acumulado en la encimera, resbalando como una fina lluvia dorada de alegría sin fin!
El aburrimiento muta suavemente en un orgásmico silencio, y la negligencia acumulada de los años vagabundos se vomita a sí misma como la encarnación misma de la elegancia. ¿Quién me creería si le confiase que los cuadros que plagan los muros de mi habitación buscan sin cese su propia expresión viva en el espacio?
¡Qué espectáculo majestuoso!
Las bombillas saltan extáticamente, los paraguas pestañaen gotas de colores vibrantes, los cojines recobran la memoria de sus perfectas formas y las guitarras exhalan arpegios de agudísima serenidad
Todos los miembros de mi cuerpo de ensalzan y basta el más diminuto órgano entona su canción. Los pies, las tripas, cada uno de mis cabellos, el peroné,las uñas y sus otros compatriotas corporales se sintonizan entre sí cristalizando una bellísima melodía. La arquitectura gigantesca de este incommesurable momento se alza en marfil y viento ante mis ojos.
¡Qué luminosa emoción! ¡ Qué vibrante locura!
Nunca hubiera pensado que una mañana calurosa de marzo hallaría, enredada a mi cama y sin previo aviso celestial, tal momento irrepetible de éxtasis en flujo continuo.
¿Será acaso el peso de lo cotidiano el pretexto que utiliza lo extraordinario para crear la incipiente necesidad de expandirse a su encuentro?