No sé si lo recuerdo o lo imagino.
Descienden las palabras a mi mano,
y picotean los granos de rocío. Buscan
entre mis dedos las migajas de lágrimas
que llevo al papel.
Silenciosa,
cae la lluvia sobre el amor.
Nos besamos en carne viva.
Bendita lluvia nocturna, jadeando en la hierba,
trayendo en hilos el aroma de las nubes,
poniendo en nuestra carne su dentadura fresca.
Y el mar sonando. Tal vez su espectro.
Porque son miles de kilómetros
los que nos separan de las olas.
Y lo peor: miles de días
los que nos alejan.
Este es un momento que no es mío.
No sé si en el pasado, en el futuro,
si en lo imposible.
Y lo acaricio,
lo hago presente,
ardiente,
con la poesía.