daniel amaya
Poeta fiel al portal
I parte
Ella leyó: todo lo que dice esta tarjeta
y mucho más significas para mí,
eres el mejor, el mejor y más especial de todos
los amigos que tengo en la vida,
no sé qué tienes en ese corazón tan grande,
pero me inspiras un montón de cosas lindas!
Ella leyó sacando fuerzas,
tratando de derrotar al llanto,
entrecortando su respiración
como intercalando la lucidez, el llanto y las palabras.
Él la escuchó y solo vio la estampa de un ángel
desbordando con cada tono de sus palabras
las maravillas de su corazón,
venciendo al llanto ella lo miró.
Él la miró como un espectador aturdido
por tanta magia y se detuvo el tiempo
en ese instante como una fotografía,
él cómo es un soñador se conmovió con su humanidad.
II parte
Ella trató de continuar: ahora que te vas
y se acerca el momento de separarnos,
quiero que sepas que creo en ti y en todo
lo que eres capaz de hacer.
Fue gracioso, el instante, el espacio,
el universo, el tiempo y las estrellas,
lo que sucedió fue que ella no pudo leer;
la tristeza, el sentimiento acaparó sus fuerzas,
sus lágrimas caían como lanzas al alma,
a la humanidad y su dolor era también el de él.
Sus palabras no atacaban con naturalidad,
simplemente no podía,
parecía un castigo o un delito por cometer.
Él solo podía verla,
no hacía falta que ella leyera,
ni tampoco lo que quería decirle,
ni lo que había en la tarjeta,
la magia del momento hipnotizó su ser,
fue hermoso presenciar en su corta vida
ese regalo,
un recuerdo imborrable,
en ese momento él fue feliz al sentir su amor,
sus abrazos, sus lágrimas,
solo le quedaba morir…
III parte
Entonces él siguió leyendo para sí mismo:
pero si algún día te hago falta,
si no puedes con algo
aquí estaré siempre para ayudarte,
quererte, ¡cuenta conmigo en todo lo que necesites!
En ese momento
a él no le quedaba la más remota duda,
él es solo un soñador y nada más que eso;
él la ama y nada más que eso,
él es un soñador, sueña con aquello que lo castiga.
Él se limitó a mirarla,
ella quizás ni cuenta se dio,
él la ama eso es indiscutible,
ella no lo sabe, aun así ella lo quería,
él poco le habló,
de hecho es muy poco lo que él le habla;
no porque no tenga nada que decirle
o porque de hecho él es fantasioso
en su mundo de silencio,
sólo que él desearía hablarle con su ejército aturdidor
y con su reino conquistador,
aun así él la escucha,
él es feliz escuchando su voz.
IV parte
Finalmente él terminó de leer,
era tal vez lo más bello
que haya leído en su vida,
eran palabras muy sencillas,
de hecho eran muy comunes,
ni siquiera eran palabras que nadie
nunca hubiese dicho antes,
pero eran palabras desbordadas de sentimientos,
que ni las mismas palabras la podían sostener,
eran el fin de esta función.
Lo que él leyó fueron las siguientes líneas:
No quiero perderte mi Dani
te quiero muchísimo
y siempre serás parte de mi vida…
Sólo la pudo ver y no pudo llorar,
no como ella a lo mejor
él no pretendió estropear el momento,
la vio, la tocó, la sintió y no pensó,
su corazón es un laberinto,
se llenó de mil locuras,
de alegría porque siempre estará con ella,
de tristeza porque seguramente nunca la tendrá.
Ella leyó: todo lo que dice esta tarjeta
y mucho más significas para mí,
eres el mejor, el mejor y más especial de todos
los amigos que tengo en la vida,
no sé qué tienes en ese corazón tan grande,
pero me inspiras un montón de cosas lindas!
Ella leyó sacando fuerzas,
tratando de derrotar al llanto,
entrecortando su respiración
como intercalando la lucidez, el llanto y las palabras.
Él la escuchó y solo vio la estampa de un ángel
desbordando con cada tono de sus palabras
las maravillas de su corazón,
venciendo al llanto ella lo miró.
Él la miró como un espectador aturdido
por tanta magia y se detuvo el tiempo
en ese instante como una fotografía,
él cómo es un soñador se conmovió con su humanidad.
II parte
Ella trató de continuar: ahora que te vas
y se acerca el momento de separarnos,
quiero que sepas que creo en ti y en todo
lo que eres capaz de hacer.
Fue gracioso, el instante, el espacio,
el universo, el tiempo y las estrellas,
lo que sucedió fue que ella no pudo leer;
la tristeza, el sentimiento acaparó sus fuerzas,
sus lágrimas caían como lanzas al alma,
a la humanidad y su dolor era también el de él.
Sus palabras no atacaban con naturalidad,
simplemente no podía,
parecía un castigo o un delito por cometer.
Él solo podía verla,
no hacía falta que ella leyera,
ni tampoco lo que quería decirle,
ni lo que había en la tarjeta,
la magia del momento hipnotizó su ser,
fue hermoso presenciar en su corta vida
ese regalo,
un recuerdo imborrable,
en ese momento él fue feliz al sentir su amor,
sus abrazos, sus lágrimas,
solo le quedaba morir…
III parte
Entonces él siguió leyendo para sí mismo:
pero si algún día te hago falta,
si no puedes con algo
aquí estaré siempre para ayudarte,
quererte, ¡cuenta conmigo en todo lo que necesites!
En ese momento
a él no le quedaba la más remota duda,
él es solo un soñador y nada más que eso;
él la ama y nada más que eso,
él es un soñador, sueña con aquello que lo castiga.
Él se limitó a mirarla,
ella quizás ni cuenta se dio,
él la ama eso es indiscutible,
ella no lo sabe, aun así ella lo quería,
él poco le habló,
de hecho es muy poco lo que él le habla;
no porque no tenga nada que decirle
o porque de hecho él es fantasioso
en su mundo de silencio,
sólo que él desearía hablarle con su ejército aturdidor
y con su reino conquistador,
aun así él la escucha,
él es feliz escuchando su voz.
IV parte
Finalmente él terminó de leer,
era tal vez lo más bello
que haya leído en su vida,
eran palabras muy sencillas,
de hecho eran muy comunes,
ni siquiera eran palabras que nadie
nunca hubiese dicho antes,
pero eran palabras desbordadas de sentimientos,
que ni las mismas palabras la podían sostener,
eran el fin de esta función.
Lo que él leyó fueron las siguientes líneas:
No quiero perderte mi Dani
te quiero muchísimo
y siempre serás parte de mi vida…
Sólo la pudo ver y no pudo llorar,
no como ella a lo mejor
él no pretendió estropear el momento,
la vio, la tocó, la sintió y no pensó,
su corazón es un laberinto,
se llenó de mil locuras,
de alegría porque siempre estará con ella,
de tristeza porque seguramente nunca la tendrá.
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