Hambre
Poeta recién llegado
Suicidio número mil novecientos noventa y cuatro.
Hoy me he levantado para cumplir con la rutina de recibir como saludo otro disparo.
En mi sien encañonada por el ánima de mi arma la palabra fue amartillada bien claro:
¡BANGJOUR!
...
Buenos días, mon chéri.
...
Siempre respondo dócil y como casi callando.
He esnifado el humo, me he levantado de la cama, me he puesto los pantalones y me he calzado los zapatos.
Me olvidé de los calzoncillos y los calcetines; suficiente cal en mi interior como para añadir otro tanto.
Hoy me he levantado para cumplir con la rutina de recibir como saludo otro disparo.
En mi sien encañonada por el ánima de mi arma la palabra fue amartillada bien claro:
¡BANGJOUR!
...
Buenos días, mon chéri.
...
Siempre respondo dócil y como casi callando.
He esnifado el humo, me he levantado de la cama, me he puesto los pantalones y me he calzado los zapatos.
Me olvidé de los calzoncillos y los calcetines; suficiente cal en mi interior como para añadir otro tanto.