A la altura de Moncloa,
no en el palacete junto al presidente,
sino bajo tierra, en el metro, donde la plebe,
vi a un hombre de rodillas llorando.
Yacía a su lado,
el cuerpo de una mujer.
Entre lágrimas de angustia,
desesperaba por un médico.
Y, mientras tanto, miradas curiosas,
deseaban conocer.
Como periodistas se interrogaban,
en un intenso soliloquio,
que a ninguna conclusión llegaron,
así que, decidieron seguir mirando.
Aquel hombre triste y apagado,
intentó ser fuerte.
Y mientras esperaba a la asistencia médica,
su mujer empeoraba.
Triste acontecimiento contemplé,
mientras mi tren pasaba.
Una vez que subí en él
ya no volví a saber nada.
no en el palacete junto al presidente,
sino bajo tierra, en el metro, donde la plebe,
vi a un hombre de rodillas llorando.
Yacía a su lado,
el cuerpo de una mujer.
Entre lágrimas de angustia,
desesperaba por un médico.
Y, mientras tanto, miradas curiosas,
deseaban conocer.
Como periodistas se interrogaban,
en un intenso soliloquio,
que a ninguna conclusión llegaron,
así que, decidieron seguir mirando.
Aquel hombre triste y apagado,
intentó ser fuerte.
Y mientras esperaba a la asistencia médica,
su mujer empeoraba.
Triste acontecimiento contemplé,
mientras mi tren pasaba.
Una vez que subí en él
ya no volví a saber nada.