Z. Gómez
Poeta recién llegado
y después de tantos y tantos
golpes
que recibiera la niña para hacerla sentir
¡Culpable, tú fuiste culpable!
las manos, de nuevo en su carne,
parecíanle decir.
Y después de tantas y tantas
palabras
que le escupiera su madre en insulto
y que herían y marcaban
más que los
golpes.
¡Miserable, mil días miserable!
La única culpa fue sólo de mí
Pensabas, mi niña; llorabas, mi nena,
y no comprendías,
de tan pequeña que eras,
que cuatro angelitos
veían tu inocencia
y lloraban contigo;
y lloraban por ti.
Y después de tantas y tantas
líneas
que el poeta escribiera
narrando tu pena,
desahogando su angustia,
por no haber podido
en ese momento
estar junto a ti.
Y después...
en esta noche sin luna
el mercurio pregunta:
Oye, poeta,
¿a cuántas Marías
has visto de noche,
has visto de día,
deambular por las calles
derramando tristeza
y queriendo morir?
No lo sé después de un buen rato
el cristal le contesta-
sólo sé que no dos;
sólo sé que no mil...
-Ah, mi querido Mirco,
si hubiera respuesta...
si yo la supiera...
si tan sólo pudiera...
Mas el mundo tan mundo-
es tan inmundo -¡Es tan inmundo!-
y es así,
vil.
A la niña María...
A esa niña que más de una vez he visto.
golpes
que recibiera la niña para hacerla sentir
¡Culpable, tú fuiste culpable!
las manos, de nuevo en su carne,
parecíanle decir.
Y después de tantas y tantas
palabras
que le escupiera su madre en insulto
y que herían y marcaban
más que los
golpes.
¡Miserable, mil días miserable!
La única culpa fue sólo de mí
Pensabas, mi niña; llorabas, mi nena,
y no comprendías,
de tan pequeña que eras,
que cuatro angelitos
veían tu inocencia
y lloraban contigo;
y lloraban por ti.
Y después de tantas y tantas
líneas
que el poeta escribiera
narrando tu pena,
desahogando su angustia,
por no haber podido
en ese momento
estar junto a ti.
Y después...
en esta noche sin luna
el mercurio pregunta:
Oye, poeta,
¿a cuántas Marías
has visto de noche,
has visto de día,
deambular por las calles
derramando tristeza
y queriendo morir?
No lo sé después de un buen rato
el cristal le contesta-
sólo sé que no dos;
sólo sé que no mil...
-Ah, mi querido Mirco,
si hubiera respuesta...
si yo la supiera...
si tan sólo pudiera...
Mas el mundo tan mundo-
es tan inmundo -¡Es tan inmundo!-
y es así,
vil.
A la niña María...
A esa niña que más de una vez he visto.