Monólogo del padre con el hijo ateo

carlos lopez dzur

Poeta que considera el portal su segunda casa
A mí no me interesa si Dios existe en el Más Allá.
O en terrenalidades fuera de mis sentidos.
Yo soy, como tú, prácticamente ateo.
Yo digo que Dios a mí no debe nada.
Yo lo dejo tranquilo. Sí él puede o quiere existir
es su problema, su asunto.

¿Quiere mover un dedo? Bien que lo haga.
¿Ha de salvar mi vida? No sé. Fíjese que no soy adivino.
Un animal feroz que se disponga a atacarme,
me pone en gran dilema. «¿Qué hacer?»
Hay personarras peores que un león fiero.
Uno no tiene segura ni la vida. Nada.

Ante la fiera, posiblemente, me paralice al verla.
Que me ataque, me cago, me meo; pero sé algo.
Mal anticipo: voy a ser un cobarde, desvalido.

No puedo forzar lo que me plazca; ni evitar
que la Naturaleza diga: «No eres tú el fuerte.
Más colmillos y más garras te faltan».
Lo sé. Yo no soy el Ain del kabalismo.
No me apropié de los siete poderes de los magos.
Yo soy un pobre hombrecillo, casi simio.

Por eso yo soy siempre lo que puedo, no más.
Eso exactamente es ser juicioso.
Es la humildad desnuda.
Es la verdad más clara.

2.

El mundo está lleno de cabrones. Cada vez hay más.
Se multiplican. Lo que yo puedo hacer es no llamarlos.
No juntarme con ellos. Si dios así lo quiere,
o me lo pide, tendrá razón.
Posiblemente, agradezca el consejo.
Pero ese dios yo no lo veo, me lo predican.
Y a lo que yo no veo, yo lo dejo en suspenso.

Lo que aprendí, no es Nun, es un autoreflejo.
Esa letra ha de ser una neurona ya metida
en mi entrecejo. Sin preparación y sin estudio,
yo empecé a decir cosas con sentido
y dije lo más sabio: «¡Cállate y no maldigas
tanto; no vale ni la pena proclamarte ateo!»

Mi papá, lindo viejo, me enseñó lo que pudo.
No era un ángel. Ni cósmico varón.
Era un pobre pendejo, como yo.
El no amaba los dioses; no quiso nada
que no pudiera ganarlo con sus manos.

El me enseñó lo que supo. «Soy tu padre y te doy
de lo mío; por ser mi hijo, tendrás techo.
Nadie te dará nada».

Yo sí; yo protejo a mis hijos.
Házlo cuando tengas los tuyos. Eso es empezar
a tener un dios, el único dios que existe.
Un padre bueno. Tú olvida los peces de colores.

3.

No significa que yo debo ser ateo.
Uno tiene que merecer un dios para tenerlo.
Uno tiene que verlo, afanado con la carga
del trabajo, arando el campo, verlo en las semillas
y el bocado, verlo en la evidencia de los días.

Mucha gente agachona de este mundo,
vive pordioseramente de milagros. En realidad,
son parásitos de la fe, cabrones siquitrillados.

Odian a dios porque no los hizo ricos
ni suficientemente duros para ganar amor y pan,
o merecer respeto. Quieren privilegios, paraísos,
el mundo fácil, panaceas a pedir de boca,
todo menos trabajo, menos conocimiento.
Quieren la Edad Dorada del Edén.
Son un rebaño de grandes resentidos.
Quieren que dios venga al tronido de sus dedos.
Quieren a dios como a una nana, quieren
que una divinidad les haga los mandados,
Dios como su criada,
Dios como su pistolero,
Dios como su pendejo.

4.

Pero alégrate, hijo mío, ¿qué más dios
que el amor que te he dado, qué más dios
que la madre que te ha parido, con dolor
y con llanto? … tú no nacíste con el alma vacía.
Tú no has carecido de alimento. ¿Cómo llamarás eso?
Tal vez es dios que te bendice en mi nombre.
Llámale como quieras a lo que no conoces.
¡Pero sé agradecido, carajo!

Admite que eres libre y no quieres el odio ni el enojo.
Ni la angustia ni el hambre ni la enfermedad
ni la muerte; el mundo sobreabunda
con hartos resentidos, descreidores, cínicos
y violentos y... tú no eres un Lamed encarnado.
Ni te han regalado un talismán o un libro de instrucciones
para que escupas la boca a los dragones y le apagues el fuego.

¿Qué puedes ser tú, si no eres Guimel,
si no tienes poder sobre la recompensa y castigo?
¿Quieres rebelarte contra dios, o contra mí?
¿Quieres dar una definición a pecadores?
¡Házlo contra mí, tu padre! En mí, pón la deuda
y la culpa. No pude hacerte rico.
No te he heredado nada,
excepto un puñado de amor y buenas intenciones.

5.

Es más probable que te cierren las puertas
y, cuando venga el porvenir, ya serás viejo
y estarás cansado y la sabiduría no siempre es fe
y, por tanto, no ayudará suficiente en un mundo
perfectamente controlado por ladrones,
homicidas y corruptos. ¿Qué puedes ser tú,
hijo mío, cuando ya sabes que los holocaustos se repiten
y los genocidas se esconden, o gesticulan
detrás de las palabras humanísticas
con mucho alarde y mentiroso perfume?

6.

Lo que yo quiero que hagas porque ya estoy viejo
es que no odies a dios. Déjalo que exista si puede.
Déjalo que se explique por sí mismo.
No escupas su potencial de consuelo.
La esperanza, real o utopizante, de las redenciones.
Dí cosas lindas de él para que no diga el mundo
que en tu corazón hay odio... porque, carajo,
¿no supíste que Cristo fue santo, no supíste
de profetas valientes, de tanta gente dulce
que no han sido caínes ni amalecitas rancios?

Piénsalo como este campo, todavía sabroso y apacible.
Déjalo que se parezca a tu hija. Haz de dios
algo lindo, benéfico y suave, y mírala con regocijo
y díle sus verdades para que crezca
con un corazón bueno, como el tuyo,
aunque esté jodido el mundo.

Deja que los demás crean lo que se les pegue la gana.
Hay quien nace para ser supersticioso.
Hay quien de dios quiere un boleto de la Lotto premiado;
un coche de lujo, una mansión de la que no tenga
que hacer pagos. El dios que no da leche se vuelve
el pretexto de ateísmo.

¡Cómo quisieran que dios
fuese de veras más que un ícono del templo!
¡Cómo con él traficarían sus chantajes!

Con dios se limpiarían sus culos…
ja ja ja, pero esos creyentes ateístas se jodieron.
Nunca sabrán si existe, o no. Van a lamentar
con hígados amargos, porque el dios verdadero
se medita, se sufre, se escarba, se respeta
como si fuera un padre, en carne y hueso,
que se largó a la muerte, tras dar su amor humano.

Fragmentos de «El hombre extendido»
 
Definitivamente: Leerle, es admirarle. Esa potestad de recrear en un monólogo las contrapartes de una -fe- y al final dejar al lector con una visión amplia en los sentidos.

Nunca me sustraigo a ningun tipo de pensamiento, es enriquecedora la experiencia de cada nueva lectura en su generosa expresión.

El abrazo fuerte y de estrellas desde mi espacio con mi admiración y respeto.!
 
Definitivamente: Leerle, es admirarle. Esa potestad de recrear en un monólogo las contrapartes de una -fe- y al final dejar al lector con una visión amplia en los sentidos.

Nunca me sustraigo a ningun tipo de pensamiento, es enriquecedora la experiencia de cada nueva lectura en su generosa expresión.

El abrazo fuerte y de estrellas desde mi espacio con mi admiración y respeto.!


¡Qué gentil eres, Tuti! ... me transmites gozo y alegría de vivir no porque merezca tus elogios. Sólo porque sé que hay gente buena, buena hasta para expresarse así con un desconocido. Gracias.

CARLOS
 

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