danie
solo un pensamiento...
El soplo del aura colisiona
contra el eco resonante del tiempo,
lo que taña y consigue es una transmisión que
acrecienta la declamación del dialecto,
vaivén de la péndola flotante de la lengua.
Se revuelven los segmentos
de la diáfana didascálica de una época
con un primitivo y póstumo
suspiro que retuerce al perenne infinito partitivo.
Querellas de vocablos y ondas
negociando palabras en la conciencia
para que prevalezca una voz superlativa
que calla y enmudece la mente del tenor,
cabalmente se ausculta lo visto
con el oído de la proletaria lengua del cerebro
y finalmente habla el mutismo sublevado.
Los umbrales del léxico estallan
sobre el ámbito de los enajenados sucesos,
hablando por lapsos de ostentosos verbos
y dictados epítetos,
ecuánimes y sesgadas palabras
deambulan por la arista del argumento,
mediando con los raciocinios del silogismos neuronal.
Argucias del sujeto y su deudo el predicado
prorrumpen con los sofismas del interrogante,
el juicio de la despótica palabra recorre el laberinto
de la exclamación y la interrogación
para forjar en el papel el fin de un litigio,
fin de una partición y comienzo de una epístola.
Sensores algorítmicos dibujan el matiz
con ondas que desencadenan en el golpe de la tinta.
contra el eco resonante del tiempo,
lo que taña y consigue es una transmisión que
acrecienta la declamación del dialecto,
vaivén de la péndola flotante de la lengua.
Se revuelven los segmentos
de la diáfana didascálica de una época
con un primitivo y póstumo
suspiro que retuerce al perenne infinito partitivo.
Querellas de vocablos y ondas
negociando palabras en la conciencia
para que prevalezca una voz superlativa
que calla y enmudece la mente del tenor,
cabalmente se ausculta lo visto
con el oído de la proletaria lengua del cerebro
y finalmente habla el mutismo sublevado.
Los umbrales del léxico estallan
sobre el ámbito de los enajenados sucesos,
hablando por lapsos de ostentosos verbos
y dictados epítetos,
ecuánimes y sesgadas palabras
deambulan por la arista del argumento,
mediando con los raciocinios del silogismos neuronal.
Argucias del sujeto y su deudo el predicado
prorrumpen con los sofismas del interrogante,
el juicio de la despótica palabra recorre el laberinto
de la exclamación y la interrogación
para forjar en el papel el fin de un litigio,
fin de una partición y comienzo de una epístola.
Sensores algorítmicos dibujan el matiz
con ondas que desencadenan en el golpe de la tinta.