jorge luis murillo
Poeta fiel al portal
MORIR DE TEDIO UNA TARDE
Morir de tedio una tarde
de nublado cielo
y de negro sol,
aparejado a la pena
adosado en el dolor.
Masticando mil promesas
repasando lo imposible,
mezclando tantas ideas
tan difusas e inaudibles,
en la trastienda del mundo
la que con miedo devora,
los minutos, los segundos,
tanto igual como a las horas.
Con un viento que no es viento
sino una brisa serena,
que va levantando el polvo
que se suma ante la pena,
en un caminar cansino
con la piel hecha jirones,
entregándole al destino
arterias y corazones.
Como simples marionetas
sin hilos que las sustenten,
en una simple opereta
donde sucumbe la suerte,
al igual que una ruleta
con números imposibles,
en un giro incomprensible
como una absurda cometa.
Con un vuelo indetenible
con dirección de veleta,
en este orbe insufrible
que nos tira a la banqueta.
que nos lacera la vida
que nos arranca hasta el alma,
que en su funesta salida
nos hace perder la calma.
Pues nos engulle de a poco
sin la maldita conciencia,
como el accionar de un loco
o una absurda penitencia,
que deja surcos grabados
en rincones preteridos,
donde solo lo querido
permanecía guardado.
Por eso hoy me desangro
con miradas lastimeras,
mirando al tedio pasar
con su angustia existencial
en una tarde cualquiera.
Morir de tedio una tarde
de nublado cielo
y de negro sol,
aparejado a la pena
adosado en el dolor.
Masticando mil promesas
repasando lo imposible,
mezclando tantas ideas
tan difusas e inaudibles,
en la trastienda del mundo
la que con miedo devora,
los minutos, los segundos,
tanto igual como a las horas.
Con un viento que no es viento
sino una brisa serena,
que va levantando el polvo
que se suma ante la pena,
en un caminar cansino
con la piel hecha jirones,
entregándole al destino
arterias y corazones.
Como simples marionetas
sin hilos que las sustenten,
en una simple opereta
donde sucumbe la suerte,
al igual que una ruleta
con números imposibles,
en un giro incomprensible
como una absurda cometa.
Con un vuelo indetenible
con dirección de veleta,
en este orbe insufrible
que nos tira a la banqueta.
que nos lacera la vida
que nos arranca hasta el alma,
que en su funesta salida
nos hace perder la calma.
Pues nos engulle de a poco
sin la maldita conciencia,
como el accionar de un loco
o una absurda penitencia,
que deja surcos grabados
en rincones preteridos,
donde solo lo querido
permanecía guardado.
Por eso hoy me desangro
con miradas lastimeras,
mirando al tedio pasar
con su angustia existencial
en una tarde cualquiera.