Mortíferos deseos

ivoralgor

Poeta fiel al portal
El cielo desbocaba pausadas luces, cubría todo lo que a su paso encontraba. El sendero era lúgubre. Los árboles estaban calidamente bañados con sangre. El silencio era lastimero. El aroma fétido vagaba por el ambiente.

- ¿Cómo morir? - gritaba en llanto ahogado.

La tristeza circulaba por los labios y la boca, se internaba en las venas, en la conciencia que aún me quedaba.

Un artefacto sin forma se apuntalaba grotescamente en mi espalda. La sangre corría por ella dejando dolor y ardor. Mi cuerpo estaba colgado, por las muñecas, en las ramas de un viejo roble. Mis pies estaban descalzos y amoratados.

- ¡Maldita sea! - gritaba iracundo.

La noche se acercaba lentamente. Mis ojos estaban ciegos. El cansancio era demasiado. Mi aliento poco a poco se fue desgastando.

Una voz rompió el silencio:

- ¿Cómo estas hijo de puta? - a carcajadas dijo.

Quise contestar pero mi lengua estaba entumida.

- ¡Contesta, carajo! - repetía cada vez más irritado. - No tengo toda la maldita noche para perder contigo. Quiero ir a follarme a una putita que se caga por mí.

- Mátame.- dije a susurros.
- ¿Qué dijiste maricón? - preguntó irónicamente.
- Mátame - volví a repetir.
- Estás pendejo si crees que te mataré - soltó un risa estrepitosa. - Esto es un escarmiento nada más, una calentadita - seguía con su risa.

De súbito se oyó un disparo. Se me descolgó el brazo izquierdo.

- Pareces una puta marioneta - dijo recargando la pistola.

Otro disparo. Un dolor en la pierna derecha me hizo gritar.

- ¿Te duele, mariconcito? - preguntó en un tono infantil y burlesco.

El tiempo se detuvo en mi boca. Era cuestión de tiempo para que cayera en la inconciencia.

Un arma escondida en los arbustos apuntaba a mi verdugo. A lo lejos un zumbido surcaba el sendero. La bala salió limpia y se alojó en su cuello. Su cuerpo se desplomó y se revolcaba debajo de mis pies. La sangre le brotaba a borbotones. Sus manos trataban de detener la hemorragia. La tierra se teñía de rojo carmín. Su aliento se fugó por la abertura del cuello. Los ojos se quedaron viendo un punto fijo de la nada. Estaba muerto.

Un hombre con uniforme militar se dirigió rápidamente hacia mí. Me levantó el rostro. Cerré los ojos y morí satisfecho. Mi deseo se había cumplido: ver morir a ese hijo de puta.
 
Última edición:

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo de nuestros Mecenas.

✦ Hazte Mecenas

Sin publicidad · Blog propio · Apoya la poesía en español

Atrás
Arriba