Tejo un muro de las presencias, de ellos
Los que pesan
Cada noche, cada día voy trazando sus cuerpos
Los describo con total detalle
Ni un segundo más ni un segundo menos
para plantarme en un suelo estéril a mis sueños
y asirme con plena voluntad a un muro
que reclama todo clase de tormentos,
inútiles, vanos y huecos de razonamiento
Tomo mi suciedad y la voy moldeando
hasta acabar en pedacitos de ellos
Los que duelen
Pequeños trozos acromáticos de intentos
fallidos, de somnolientos deseos
Vistas ocultas, degeneradas a la voluntad
Trazos endebles de un sentimiento mal parido
Ojos que se crispan al llanto retorcido
y un grito dibujado en cada adoquín de mi camino.
Recorto mi cuerpo y lo voy acomodando entre ellos
Los que lloran
Una jugada más que no responde a las preguntas
de un cuerpo que no para de menguarse
o borrarse del abismo
Lapido un muro de historias trastocadas
de mis propias líneas y avenidas
Y coloco por tamaños, colores y sabores a ellos
Los que se quedan
Los agrego a mi presupuesto de vida
y ordeno en el inventario de cada día
los que pesan, los que duelen,
los que lloran y se quedan
los recuerdos que forman
este mosaico de miserias