Fustiga la espiral de caracola
cobijo del rock de los ladrones
las calderas del club
los ojos que se estiran hasta la súplica
buscándonos por altitudes de los andamios
cada amanecer de símbolos reconquistados
con nuestra voluntad que repercute en nebulosas
de los melodiosos índices de flotación y susurros como mantos
madurando bien cerquita de su piel morena
la teoría de las manos y la luz
junto a los coreógrafos primitivos y los archivadores de Kandinsky…
acaso el florecer de labios
tras aquellas fuentes de intimidades extrañas
cabalgar hacia ellos de oído
tras ese ajedrez donde coronaban las moscas
y esas ranas que dialogan en el ombligo.
NOTA: inspirándome con la canción: “la hora de las moscas”.
cobijo del rock de los ladrones
las calderas del club
los ojos que se estiran hasta la súplica
buscándonos por altitudes de los andamios
cada amanecer de símbolos reconquistados
con nuestra voluntad que repercute en nebulosas
de los melodiosos índices de flotación y susurros como mantos
madurando bien cerquita de su piel morena
la teoría de las manos y la luz
junto a los coreógrafos primitivos y los archivadores de Kandinsky…
acaso el florecer de labios
tras aquellas fuentes de intimidades extrañas
cabalgar hacia ellos de oído
tras ese ajedrez donde coronaban las moscas
y esas ranas que dialogan en el ombligo.
NOTA: inspirándome con la canción: “la hora de las moscas”.