Bender Carvajal
Poeta recién llegado
Dejemos el pasto inmóvil,
la tierra asentada,
los temores de girasol y carne
derogados por el odio.
Tienen derecho las avenidas
a tu despecho evidente,
a mi complicidad de juguete anómalo,
las avenidas de picaporte y celo.
Seremos amantes mimetizados
con tu piel dañada
que disimula, que zozobra,
tú pezón y yo ombligo
en venganza por una quemante noche;
bajo páramos de polvo y trueno
llegaremos contaminados
hasta el encierro,
medianamente humanos sombra anímica
que se diluye, que recrimina.
Tu sollozo a lo lejos
contra mi espera inagotable,
gelatina de tiempo
desmantelada en tres cuartos,
motor y rarezas
que se acusan como la prisa.
Se te vienen con desvelo
la natividad de un pecho subcutáneo
y el temblor gemelo
entre los pies y tu cadera inquieta.
Voy a erosionar los cubrecamas
de estos ojos que te murmuran
y tal vez se queden quietas
la inusual colmena
y su destello seco
de mariposas tuertas.
Mientras
Veo los caracoles amenazantes,
veo los hielos desbordarse, veo la similitud
de los asnos, la confabulación tricolor
de las palmeras negras,
el atochamiento de la rabia
con su sonido de trompetas individuales,
veo con desgracia a los operarios,
veo faldas, veo jeans,
veo el opio maltratado
y como se disloca la muchedumbre;
veo la conmoción intervenida
por este paréntesis
de corazón que me he vuelto
mientras el azar se deleita
remontando las apariencias
de que me duele cuando te vienes
asediada por la intriga;
veo que me miras
y te esfumas en el rubor
de esta dolencia
de otro día que nos aprieta,
como dos arrebatos
subiendo las escaleras
y desnudos en una pálida marea.
la tierra asentada,
los temores de girasol y carne
derogados por el odio.
Tienen derecho las avenidas
a tu despecho evidente,
a mi complicidad de juguete anómalo,
las avenidas de picaporte y celo.
Seremos amantes mimetizados
con tu piel dañada
que disimula, que zozobra,
tú pezón y yo ombligo
en venganza por una quemante noche;
bajo páramos de polvo y trueno
llegaremos contaminados
hasta el encierro,
medianamente humanos sombra anímica
que se diluye, que recrimina.
Tu sollozo a lo lejos
contra mi espera inagotable,
gelatina de tiempo
desmantelada en tres cuartos,
motor y rarezas
que se acusan como la prisa.
Se te vienen con desvelo
la natividad de un pecho subcutáneo
y el temblor gemelo
entre los pies y tu cadera inquieta.
Voy a erosionar los cubrecamas
de estos ojos que te murmuran
y tal vez se queden quietas
la inusual colmena
y su destello seco
de mariposas tuertas.
Mientras
Veo los caracoles amenazantes,
veo los hielos desbordarse, veo la similitud
de los asnos, la confabulación tricolor
de las palmeras negras,
el atochamiento de la rabia
con su sonido de trompetas individuales,
veo con desgracia a los operarios,
veo faldas, veo jeans,
veo el opio maltratado
y como se disloca la muchedumbre;
veo la conmoción intervenida
por este paréntesis
de corazón que me he vuelto
mientras el azar se deleita
remontando las apariencias
de que me duele cuando te vienes
asediada por la intriga;
veo que me miras
y te esfumas en el rubor
de esta dolencia
de otro día que nos aprieta,
como dos arrebatos
subiendo las escaleras
y desnudos en una pálida marea.