Bartleby - el alegre
Poeta recién llegado
Motivación
Tumbado en la cama,
fumando el aire del tiempo,
recogiendo con la mano
el polvo que se fue,
me da un tanto de sueño el café,
y busco en la alacena
una de esas sopas acartonadas.
He perdido el tiempo
siendo un nihilista,
un existencialista,
un vendedor de revistas de deportes.
Las sabanas están ricas,
el cubrecama
como si fuera la conciencia del mundo
me pide que me quede,
son más de las diez de la mañana,
y lo único pendiente
es hacer un par de llamadas.
Miento claro que miento,
la azúcar que baja
y la subo a punta de cucharadas,
es tal vez el invierno
que todos los julios
come de mis costados.
El perro que sube por las escaleras,
prendo el interruptor del
agua caliente,
observo lánguido mis tomos Omeba
ya protegidos de la lluvia,
si tan solo tuviera más fuerza,
si tan solo no pensase tanto.
Recostarme en los senos
de la diosa de los jardines zigzagueantes,
y que me muestre
claro y límpido,
el agua oscura que veo entre los nubarrones blancos.
Tan solo es un charco,
suficiente para cubrir una o dos desnudeces.
Seguir adelante,
palpar el himen de la madrugada,
y que me contemple
avanzando, que me contemple distraído,
pues sé el camino,
y tiene mucho que ver con el amor
y muchos, muchos acordes.
Tumbado en la cama,
fumando el aire del tiempo,
recogiendo con la mano
el polvo que se fue,
me da un tanto de sueño el café,
y busco en la alacena
una de esas sopas acartonadas.
He perdido el tiempo
siendo un nihilista,
un existencialista,
un vendedor de revistas de deportes.
Las sabanas están ricas,
el cubrecama
como si fuera la conciencia del mundo
me pide que me quede,
son más de las diez de la mañana,
y lo único pendiente
es hacer un par de llamadas.
Miento claro que miento,
la azúcar que baja
y la subo a punta de cucharadas,
es tal vez el invierno
que todos los julios
come de mis costados.
El perro que sube por las escaleras,
prendo el interruptor del
agua caliente,
observo lánguido mis tomos Omeba
ya protegidos de la lluvia,
si tan solo tuviera más fuerza,
si tan solo no pensase tanto.
Recostarme en los senos
de la diosa de los jardines zigzagueantes,
y que me muestre
claro y límpido,
el agua oscura que veo entre los nubarrones blancos.
Tan solo es un charco,
suficiente para cubrir una o dos desnudeces.
Seguir adelante,
palpar el himen de la madrugada,
y que me contemple
avanzando, que me contemple distraído,
pues sé el camino,
y tiene mucho que ver con el amor
y muchos, muchos acordes.