Adhrianm
Poeta adicto al portal
Tengo miedo de amarte,
de sufrirte, de sufrirme.
... temor del viento,
de tus ojos dispersos
en la atmósfera
y de tus ojos mismos,
cómplices de los crepúsculos
orillados al lago,
de esas noches abandonadas
a la vigilia.
Hasta mi fe es angosta,
delgadas las esperanzas.
Toda esa voluntad
me confiesa mínimo y cansado
en sus oscuridades.
Te soy tan frágil
y tú aprovechas mis debilidades,
te me filtras
rondando mis pulsos,
excavando en mis oídos.
Tantas,
son tantas las mañanas
y no te olvido.
Son muchos
también los crepúsculos
y no te olvido,
tu nombre embriaga la tarde
y adormece el alba,
tu nombre nace del mundo
y muere conmigo.
Y conmigo
mueren los días
en que no te olvido.
A veces un muelle,
el frío.
Dentro de mí cada espacio
nada en tu memoria.
caben tus pasos,
tu risa,
que resume parques,
olas, blancas orillas.
He sabido la costumbre
de tu ausencia
y el tiempo aún no me perdona
la nostalgia,
los labios vacíos
ni ese beso que pretende
tu beso
y niega el amor,
la ilusión o el capricho.
Una palabra es suficiente,
una caricia.
Todo te reconoce en mí
y en mis ojos,
en tu distancia que no es mía
en tu silencio que es ajeno.
Llueve la noche
y no te olvido.
Te usurpan los lugares
donde me eres urgente.
Necesaria.
mi voz, mi existencia
errante y disimulada
te reclaman.
Acaso no existes
en el vapor de las mañanas,
acaso no se desenvuelve
tu esencia
en infinitas figuras.
Distinta no eres de aquella,
de las otras que
son sólo contigo,
que renacen
en tu cuerpo,
de las que mueren antes de mí,
en tu insistencia.
Prefieres el viento,
los puertos marchitos,
ciudades que te abrevian
en calles, edificios.
Son tantos los días
y no te olvido.
de sufrirte, de sufrirme.
... temor del viento,
de tus ojos dispersos
en la atmósfera
y de tus ojos mismos,
cómplices de los crepúsculos
orillados al lago,
de esas noches abandonadas
a la vigilia.
Hasta mi fe es angosta,
delgadas las esperanzas.
Toda esa voluntad
me confiesa mínimo y cansado
en sus oscuridades.
Te soy tan frágil
y tú aprovechas mis debilidades,
te me filtras
rondando mis pulsos,
excavando en mis oídos.
Tantas,
son tantas las mañanas
y no te olvido.
Son muchos
también los crepúsculos
y no te olvido,
tu nombre embriaga la tarde
y adormece el alba,
tu nombre nace del mundo
y muere conmigo.
Y conmigo
mueren los días
en que no te olvido.
A veces un muelle,
el frío.
Dentro de mí cada espacio
nada en tu memoria.
caben tus pasos,
tu risa,
que resume parques,
olas, blancas orillas.
He sabido la costumbre
de tu ausencia
y el tiempo aún no me perdona
la nostalgia,
los labios vacíos
ni ese beso que pretende
tu beso
y niega el amor,
la ilusión o el capricho.
Una palabra es suficiente,
una caricia.
Todo te reconoce en mí
y en mis ojos,
en tu distancia que no es mía
en tu silencio que es ajeno.
Llueve la noche
y no te olvido.
Te usurpan los lugares
donde me eres urgente.
Necesaria.
mi voz, mi existencia
errante y disimulada
te reclaman.
Acaso no existes
en el vapor de las mañanas,
acaso no se desenvuelve
tu esencia
en infinitas figuras.
Distinta no eres de aquella,
de las otras que
son sólo contigo,
que renacen
en tu cuerpo,
de las que mueren antes de mí,
en tu insistencia.
Prefieres el viento,
los puertos marchitos,
ciudades que te abrevian
en calles, edificios.
Son tantos los días
y no te olvido.