Lord Vélfragor
Poeta adicto al portal
Garras profundas,
con la telaraña del por siempre,
bufanda recogida con los restos,
una comida abundante,
con la gracia del caído,
Cómica verdad,
raída en las entrañas,
con el bastón perdido,
con la corbata puesta,
entre los tirantes de ingratitud,
Casa quemada hasta los cimientos,
con la humadera que anuncia,
el final de los hechos,
preparando las lágrimas,
secadas por una lamida,
seducido por una sombra...
Colgares hirientes,
que no demuestran más,
que la patética ironía,
con la que buscas mi perdón...
¡Que se pierda en el infierno tu ser!
¡O mejor aún en la tierra de los vivos!
que ya bastante sufrimiento,
es el caminar en tus zapatos...
Triste, triste, triste,
andar bajo la Luna,
sin conocer el rostro ameno,
que os llama en su luz plateada,
Cuando comparo la sed,
cuando amparo la oscuridad,
entre el vino saciado,
de las barricas doradas,
destinado a los dioses,
para terminar entre los cerdos...
¡Curiosos animales!
que no ven las perlas,
solo el deseo y la avaricia,
con el fango de sus pecados,
que arrastran entre vidas...
¡Morpheo! ciega ya mi mente ida,
que entre torbellinos de ira,
el mundo destruiré,
¿un lunes... o un domingo...?
Da igual, si todos mueren,
infantes desgraciados,
con ruines sonrisas,
para despojar a los demás,
de orgullo... de vida...
Que sean tocadas las notas,
en un violín de huesos,
que acarree sus mentiras,
como bulto andrajoso,
para venir a desistir,
los espejos... los decires,
Vastedad, soledad e ironía,
con la culpa deslavada,
con el arrecife encallado,
muera bien entonces la paz,
muera mal el confín,
que hoy... tal vez sea,
que escriba el epitafio,
a carrera desbocada,
a silencio mal nacido...
Con la rabia de siempre,
con la desfachatez que me nace,
os digo... ¡Muéranse!
L.V.
con la telaraña del por siempre,
bufanda recogida con los restos,
una comida abundante,
con la gracia del caído,
Cómica verdad,
raída en las entrañas,
con el bastón perdido,
con la corbata puesta,
entre los tirantes de ingratitud,
Casa quemada hasta los cimientos,
con la humadera que anuncia,
el final de los hechos,
preparando las lágrimas,
secadas por una lamida,
seducido por una sombra...
Colgares hirientes,
que no demuestran más,
que la patética ironía,
con la que buscas mi perdón...
¡Que se pierda en el infierno tu ser!
¡O mejor aún en la tierra de los vivos!
que ya bastante sufrimiento,
es el caminar en tus zapatos...
Triste, triste, triste,
andar bajo la Luna,
sin conocer el rostro ameno,
que os llama en su luz plateada,
Cuando comparo la sed,
cuando amparo la oscuridad,
entre el vino saciado,
de las barricas doradas,
destinado a los dioses,
para terminar entre los cerdos...
¡Curiosos animales!
que no ven las perlas,
solo el deseo y la avaricia,
con el fango de sus pecados,
que arrastran entre vidas...
¡Morpheo! ciega ya mi mente ida,
que entre torbellinos de ira,
el mundo destruiré,
¿un lunes... o un domingo...?
Da igual, si todos mueren,
infantes desgraciados,
con ruines sonrisas,
para despojar a los demás,
de orgullo... de vida...
Que sean tocadas las notas,
en un violín de huesos,
que acarree sus mentiras,
como bulto andrajoso,
para venir a desistir,
los espejos... los decires,
Vastedad, soledad e ironía,
con la culpa deslavada,
con el arrecife encallado,
muera bien entonces la paz,
muera mal el confín,
que hoy... tal vez sea,
que escriba el epitafio,
a carrera desbocada,
a silencio mal nacido...
Con la rabia de siempre,
con la desfachatez que me nace,
os digo... ¡Muéranse!
L.V.