Viene despacio Julián
bajando por la vereda.
Su paso, que es desigual,
pisa con tiento la tierra.
Lleva colgando el rapaz
su mortífera escopeta.
Con ella quiere matar
al autor de vil afrenta.
Se lo encuentra en un pajar
cabalgando sobre su hembra,
y arrancándose a llorar
contempla la triste escena.
Ella gime sin parar
con las dos piernas abiertas.
Sus muslos son un manjar
que a su enemigo alimenta.
El arma empieza a cargar
con postas grises de perlas:
el plomo que ha de saldar
interés de cuenta vieja.
Y encarando, sin temblar,
del cañón salen dos velas
destinadas a abrasar
a la pérfida pareja.
Alcanzados, sin gritar,
hallaron la muerte negra,
y en amasijo letal
los dos cuerpos se entremezclan.
La sangre quiere manar
como torrentes de fresas.
...Y luego se fue a colgar
del extremo de una cuerda.
xxx
Churrete
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