Jorge Mosquera
Poeta recién llegado
Muerte de un sueño
El cuerpo desgastado y mutilado de un sueño
yace sobre el suelo de mi memoria.
agonizante y triste, llora incansable
y reclama tu presencia,
con la mirada fija hacia la nada,
con un nudo en la garganta y un grito ahogado en su pecho.
Procura no moverse y alargar su inevitable muerte,
y trata de escribir en el viento
sus últimas plegarias y estrellas para tu cielo.
El sueño no entiende que pasó,
sólo recuerda que era feliz
y de pronto cayó como un rayo de luz al suelo.
Las ilusiones y la esperanza
se han acercado para darle ánimos,
para decirle que vale la pena seguir viviendo,
que el olvido no es tan terrible,
que sólo el tiempo cura las heridas de un adiós
sin importar que tan mortales sean.
El moribundo sueño no entiende de razones ni locuras,
el golpe ha sido letal.
Lo golpearon los momentos en que tu sonrisa iluminó el cielo,
el recuerdo de tus ojos que aparecía en los oscuros callejones de la memoria.
Al sueño lo está matando tu ausencia,
la llanura inerte y desértica de tus manos,
el frío calcinante de tus labios,
el cuerpo helado de tus palabras,
el invierno eterno de tu voz.
La respiración comienza a hacérsele lenta y pesada,
ya llegó el pasado con su sarcófago negro
para enterrarlo junto con rosas marchitas
y auroras melancólicas que entristecieron sus días.
Después de unos minutos, un último suspiro
deja atónito al silencio,
y retumban los rincones del alma y el corazón.
El sueño
mi sueño, murió con tu adiós,
con ese adiós que pronunciaste una noche como cualquier otra.
Las estrellas y la luna son testigos
de la mortal despedida
que no solo mató mi sueño, sueño de estar contigo y entregarte mi amor,
sino también mis ganas de vivir la vida,
mis ganas de escribirte un poema o una canción.