jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
conocí venecia en el 2002
un día neblinoso y frío, las góndolas no me parecieron
ninguna gran cagada
me dolía una vértebra lumbar
vestía zapatos negros, camisa polo, una chaqueta gruesa
que me había regalado marcia cuando andábamos
pantalones de mezclilla, los zapatos
me apretaban un poco
era jueves, caía la tarde
yo tenía hambre
en el tren cruzando la toscana había apenas
comido un sandwich
y tomado una cerveza
el aire sobre el rialto se sentía como si
en cualquier momento se pondría
a llover
pensaba en marcia, la última vez
que la vi llevaba
las uñas pintadas de un tono azulado
y los labios de violeta
me besó, olía a zarzamora
tomamos un helado, dos días más tarde
me cortó por teléfono sin una
puta explicación
marcia:
una vez rentamos una cabaña en punta pérula
y nos pasamos semidesnudos todo el tiempo
y drogándonos
(sus tatuajes en el brazo ocultaban bien
las huellas de la aguja)
tomábamos el sol a mediodía
arriba de unas rocas
nadábamos en el mar, comíamos
pescado a las brasas
en el mercadillo del pueblo le compré
una iguana disecada: yo
era feliz
cuando me dejó estuve casi un año
hundido en un puto agujero
enflaqué una talla, se me cayó
el pelo
ella se casó con aquel aristócrata italiano
que le doblaba la edad
y se fue a vivir a venecia, donde murió meses después
una fría noche de abril en extrañas
circunstancias
con el tiempo me volvió a salir el pelo
un día neblinoso y frío, las góndolas no me parecieron
ninguna gran cagada
me dolía una vértebra lumbar
vestía zapatos negros, camisa polo, una chaqueta gruesa
que me había regalado marcia cuando andábamos
pantalones de mezclilla, los zapatos
me apretaban un poco
era jueves, caía la tarde
yo tenía hambre
en el tren cruzando la toscana había apenas
comido un sandwich
y tomado una cerveza
el aire sobre el rialto se sentía como si
en cualquier momento se pondría
a llover
pensaba en marcia, la última vez
que la vi llevaba
las uñas pintadas de un tono azulado
y los labios de violeta
me besó, olía a zarzamora
tomamos un helado, dos días más tarde
me cortó por teléfono sin una
puta explicación
marcia:
una vez rentamos una cabaña en punta pérula
y nos pasamos semidesnudos todo el tiempo
y drogándonos
(sus tatuajes en el brazo ocultaban bien
las huellas de la aguja)
tomábamos el sol a mediodía
arriba de unas rocas
nadábamos en el mar, comíamos
pescado a las brasas
en el mercadillo del pueblo le compré
una iguana disecada: yo
era feliz
cuando me dejó estuve casi un año
hundido en un puto agujero
enflaqué una talla, se me cayó
el pelo
ella se casó con aquel aristócrata italiano
que le doblaba la edad
y se fue a vivir a venecia, donde murió meses después
una fría noche de abril en extrañas
circunstancias
con el tiempo me volvió a salir el pelo