IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Te busco y solo encuentro,
encuentro que ni me extraña la soledad,
que ni la lluvia moja las cenizas
de este infierno muerto,
tuerto y maltrecho mi corazón,
mi alma, renga,
mi vida, un arma
con la que los cielos lloran,
de tanto perder se mueren mis noches,
me muero en mis días,
y de tanto querer me salen alas,
de tanta luz
no hay sombra que se esconda,
que no se pierda
en el segundero eterno del tiempo,
y así paso mi vida,
como pasajero del dolor,
de la huida que no fenece,
digno será aquel que le ponga un fin,
sabrá el ardor de cada brote,
el clamor de cada herida,
de cada vida que se ose
a perder alientos entre exhalaciones,
a tragar perdones entre miserias,
a perdonar al viento,
tan rígido,
tremulatorio el ocaso,
nos induce a saborear,
tan insulso sabor,
el elixir del eterno fracaso.
encuentro que ni me extraña la soledad,
que ni la lluvia moja las cenizas
de este infierno muerto,
tuerto y maltrecho mi corazón,
mi alma, renga,
mi vida, un arma
con la que los cielos lloran,
de tanto perder se mueren mis noches,
me muero en mis días,
y de tanto querer me salen alas,
de tanta luz
no hay sombra que se esconda,
que no se pierda
en el segundero eterno del tiempo,
y así paso mi vida,
como pasajero del dolor,
de la huida que no fenece,
digno será aquel que le ponga un fin,
sabrá el ardor de cada brote,
el clamor de cada herida,
de cada vida que se ose
a perder alientos entre exhalaciones,
a tragar perdones entre miserias,
a perdonar al viento,
tan rígido,
tremulatorio el ocaso,
nos induce a saborear,
tan insulso sabor,
el elixir del eterno fracaso.