Unidos a la tierra por la nobleza,
al cielo por sus verdes esperanzas,
al corazón de fuego socorrer no pueden,
impedir que caiga
impedir que muera.
En sus ramas no ha de dormir
abraza con abrazo sin culpa,
de oro vistiendo sus cuerpos casi negros,
besando uno por uno
sumiendo el día en silencios
en la quietud del sin tiempo de la muerte repetida.
Hojas van cayendo,
envueltas en sus últimos hilos de luz
retrasando el final.
Desaparece y con él mi alma.